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Presentación
Al revisar la historia del trabajo nos damos cuenta
que las sociedades han edificado una barrera entre el trabajo productivo
y el trabajo reproductivo; y han asignado roles diferenciados a hombres
y mujeres, y otorgado valores a sus quehaceres y a sus seres.
A los hombres se les caracteriza como los hacedores
del trabajo productivo, entendido éste como el quehacer que transforma
el mundo y al cual se le asigna una remuneración económica,
un valor que se traduce no solo en dinero sino también en todo
lo que lo rodea: bienes, poder, toma de decisiones, libertad de movimientos,
de expresión, etc. Se les ubica en el mundo público: la
empresa, la fábrica, la política, las calles, etc.
A las mujeres se les caracteriza por el trabajo reproductivo:
la procreación y reproducción de la especie humana que
hace posible la transformación de las sociedades, las cosas y
el universo. Este trabajo es considerado como parte de la naturaleza
humana de las mujeres y no se le adjudica ningún valor que se
traduzca en dinero, en poder, en derechos, etc. Se les limita a lo privado,
al hogar, a la casa, a los hijos, a la familia, etc.
La desigualdad de valoración de esta división
de roles y funciones la podemos comprobar en la cotidianeidad del mundo
del trabajo asalariado. Los hombres en su conjunto, perciben una mejor
retribución que las mujeres, en cualquier tipo de trabajo; gozan
de mejores oportunidades de empleo y de preparación o capacitación
profesional y no tienen más limitaciones que las propias para
enfrentar el cada día más competitivo mundo del trabajo.
Las mujeres en cambio cargan con años y años de marginación
y con la responsabilidad, exclusiva en la mayoría de casos, del
mantenimiento y cuido de la familia.
Las sociedades, las culturas y los seres humanos han
evolucionado y hoy vemos como gobiernos, instituciones, organizaciones,
hombres y mujeres se preocupan y luchan porque la igualdad deje de ser
un principio abstracto y se concrete en acciones que nos lleven a lograr
la equidad entre los géneros.
En este marco, el Proyecto "Trabajo Decente para
Mujeres Pobres y/o Migrantes en Centroamérica" ejecutado
por la Oficina Internacional del Trabajo para Centroamérica,
Haití, Panamá y República Dominicana, presenta
en una versión ilustrada y comentada cuatro importantes Convenios
que tienen en común el objetivo de contribuir a superar situaciones
discriminatorias que viven las mujeres en su inserción y permanencia
en el mundo del trabajo asalariado.
El Convenio 100 postula la igualdad de remuneración
para hombres y mujeres por trabajo de igual valor desempeñado.
El Convenio 111 combate la discriminación en el empleo y ocupación,
y el Convenio 156 establece consideraciones especiales para aquellos
trabajadores y trabajadoras con responsabilidades familiares.
Los Convenios 100 y 111 han sido ratificados por los
cinco gobiernos centroamericanos, Haití, Panamá y República
Dominicana y forman parte de sus legislaciones laborales que tanto los
Estados como los empleadores y trabajadores están en la obligación
de cumplir y hacer respetar. El Convenio 156 sólo ha sido ratificado
por los gobiernos de El Salvador y Guatemala. En relación con
el Convenio 183 para la protección de la maternidad, no ha sido
ratificado aún por ningún país de América
Latina.
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Contenido
Presentación
Capítulo I: Conozcamos la OIT
Capítulo II: Conozcamos los Convenios de la OIT
Capítulo III: Conozcamos los Mecanismos de Control
del Cumplimiento de los Convenios
Anexos: Texto de los Convenios
Convenio N° 100
Convenio N° 111
Convenio N° 156
Convenio N° 183