Palabras del Director de CINTERFOR/OIT
Sr. Pedro Daniel Weinberg en la instalación del Seminario "La gestión
de calidad en la formación profesional"
Señores miembros de la Junta Directiva del SENATI, Sr Guillermo Salas
Director del SENATI, señoras y señores representantes de las Instituciones
de Formación Profesional y demás instituciones invitadas; señoras y
señores.
Se ha constituido en un inevitable lugar común la referencia al cambio
en todas las esferas de la actividad diaria y, por supuesto, en el ámbito
de la formación profesional. Dentro de las obligadas menciones a la
rápida renovación de tendencias, artefactos, estilos y estructuras;
es imprescindible también referirse a algunos temas que se están configurando
como verdaderos soportes a la estabilidad en medio de la renovación
permanente.
En el ámbito de la Formación Profesional es innegable que la preocupación
por la calidad es uno de esos aspectos que permanecen como preocupaciones
centrales en medio de la dinámica del cambio. La gestión de la calidad
en la formación profesional ciertamente ha cambiado su concepción y
principios, tanto como ha evolucionado el escenario de la formación
mismo.
Calidad entendida como hacer bien lo que se tiene que hacer, o de otro
modo, cumplir con los objetivos derivados de la misión social establecida
para las instituciones; es una preocupación que puede visualizarse desde
varias perspectivas.
Una de tales perspectivas es la que nace desde la motivación de las
Instituciones de Formación (IFP) por adaptarse a las cambiantes exigencias
de las empresas y la organización del trabajo. Las IFP han consolidado
con el tiempo un verdadero espíritu organizacional; son poseedoras de
una cultura y valores orientados al desarrollo de las capacidades laborales
de los trabajadores; en acciones usualmente dotadas con un amplio compromiso
social.
Otra, es la preocupación del Estado por asegurar ofertas formativas
de calidad en un escenario caracterizado por la diversificación y la
aparición de nuevos actores que desempeñan roles en la oferta formativa.
El Estado se ha convertido en un actor que invierte en formación y por
tanto se interesa por que la eficiencia de su inversión sea la mejor
posible. En este ámbito la calidad es un criterio imprescindible para
orientar la asignación de dineros en un escenario diverso y complejo.
Los oferentes de capacitación que han ingresado al escenario, al lado
de las instituciones deben mostrar que son capaces de hacer una formación
de calidad.
Y por último, pero quizá con la mayor importancia, están los usuarios
de la formación. Los participantes en acciones formativas que requieren
tener claras señales sobre la calidad de los programas que eligen y
realizar las mejores decisiones para aplicar su tiempo a la formación
con los mejores resultados para su empleabilidad.
Desde el punto de vista de las IFP, muchas de ellas están iniciando
importantes transformaciones en sus formas de gestión, en sus procesos
de identificación de necesidades, de estructuración de sus respuestas
y de la ejecución de las mismas. El esfuerzo por gestionar respuestas
de calidad se nota en la adopción de prácticas orientadas al mejoramiento
continuo, a la renovación curricular, al incremento en la eficiencia
del uso de los recursos; pero ante todo, en la creación de una cultura
hacia la calidad.
En general la calidad no es solo una medición de conformidad con un
estándar, significa ante todo compromiso institucional; enmarcado desde
la alta dirección y procurando la participación de todos los trabajadores
pero también creando un verdadero ambiente y una cultura hacia la formación
hecha con calidad en la cual el mejoramiento continuo y la participación
juegan un papel crucial.
Es por ello que calidad y participación de los colaboradores es un
dúo indisoluble. Se debe trabajar en equipo para lograr una formación
de calidad; ello también porque el mayor nivel de calidad posible está
determinado en el punto donde se encuentre el nivel mínimo de calidad
exhibido.
Trabajar con calidad también es un proceso de aprendizaje institucional.
Los colaboradores y los directivos se adentran en prácticas de mejoramiento
continúo que indudablemente cambian el perfil de la institución hacia
el concepto de trabajo bien hecho. Las organizaciones que trabajan con
calidad son organizaciones en capacidad de aprender de sus experiencias
y entrar en el espiral ascendente del mejoramiento continuo.
Las organizaciones de formación más competitivas están dispuestas a
aceptar el desafío de trabajar con calidad y mejorar continuamente creando
una cultura volcada hacia el trabajo bien hecho.
Pero también interesa mostrar a los clientes y usuarios las características
institucionales que hacen posible la calidad, de ahí que se recurra
a mecanismos que certifiquen los logros en función de estándares como
el ISO 9000. Este es un verdadero aprendizaje que se fundamenta en la
identificación y mejoramiento de los procesos identificados.
Cuando se muestra al medio externo el trabajo bien hecho se está facilitando
una función de información y transparencia con los interesados. Es un
claro reconocimiento de la libertad de elegir entre servicios formativos
de calidad que tienen los usuarios de la formación. Quienes deciden
aplicar su tiempo y muchas veces su dinero para adelantar un programa
de formación, merecen tener la posibilidad de saber la calidad del programa
como un factor clave en la decisión.
Es un concepto de calidad que se desarrolla, se interioriza, se pone
en marcha, se certifica y se renueva. El trabajo de calidad debe ser
continuamente mejorado y frecuentemente atestiguado. Así los certificados
ISO tienen que ser renovados en el tiempo. Las buenas prácticas que
dieron lugar a la certificación deben proseguir y mejorarse con el tiempo.
El concepto de calidad es integral; no se puede invocar por separado
para los procesos pedagógicos, o para el diseño curricular. La calidad
envuelve una práctica continua, inmersa en una cultura institucional
que desemboca en la realización de los procesos formativos con toda
la pertinencia y alcanzando todos los objetivos necesarios para formar
trabajadores competentes.
No se puede presumir que la calidad comienza con una agencia externa,
ella es solo un apoyo para una decisión que nace y se mantiene en una
verdadera cultura. Tampoco calidad es el cumplimiento de estándares,
ello es una muestra de que se está trabajando conforme a exigencias
aceptadas pero esa conformidad es fruto de una actitud hacia el trabajo
bien hecho, una conducta de los trabajadores que quieren hacerlo bien
desde la primera vez y un ambiente que facilita y estimula a la calidad.
De hecho no se mide solo por productos, también se escenifica en procesos.
Por último calidad no solo es una tendencia reciente, el enfoque de
gestión de la calidad y su certificación no llega como una moda sino
como un mejor modo de ejecutar la formación profesional. No está vinculado
a una metodología específica; más bien a una actitud y un compromiso
institucional.
En el diseño de este seminario quisimos convocar las experiencias de
diferentes instituciones, confiados en que la mejor motivación para
el cambio es atestiguar el cambio mismo. Es así como en los próximos
días estaremos analizando las diferentes motivaciones, expectativas,
trabajos y logros de una muestra de instituciones dedicadas de un modo
y otro a la formación para el trabajo. Confiamos que ello, como ha sido
siempre el propósito de Cinterfor, contribuya a diseminar las informaciones
relevantes y a mostrar variados caminos para todas las instituciones
participantes.
Nos hemos ocupado de empezar el desarrollo de una página web que ya
está publicada en el sitio de Cinterfor para facilitar este intercambio.
Además, con la indispensable y valiosa colaboración del SENATI, que
no nos cansamos de agradecer y celebrar, fue posible concretar este
evento que, además de mostrarnos el excelente esfuerzo de construcción
de una cultura de calidad de esta institución, permitirá revisar las
demás acciones en países tan variados y ricos como el Argentina, Brasil,
Colombia, Costa Rica, Chile, Guatemala y Perú.
Agradecemos también a las instituciones certificadoras que han aceptado
el desafío de proponer ante el seminario sus puntos de vista y experiencias.
Así que sin más prolegómenos espero que los trabajos y discusiones
que se adelantarán en lo sucesivo contribuyan al enriquecimiento de
sus capacidades de gestión y planificación de una mejor formación en
América Latina y el Caribe.
Muchas gracias
PEDRO DANIEL WEINBERG