Evaluación del modelo de competencia laboral
Evaluar la efectividad de la capacitación en cuanto a su impacto en
los resultados globales de la empresa es una tarea complicada porque
supone la posibilidad de poder aislar el efecto de la capacitación-formación
de otras acciones que inciden en los resultados. Es un ejercicio que
quizás en modelos teóricos y apoyándose en supuestos es posible de realizar
con precisión, en la práctica resulta en una aproximación que siempre
deja un espacio para dudas. No obstante, en la medida que la capacitación
adquiere más importancia en la estrategia del negocio y se transforme
en una variable significativa de inversión, implícitamente se está reconociendo
que debe haber una relación directa con los beneficios esperados a nivel
global de la organización. Por esa razón, las organizaciones y sus directivos
insisten en monitorear la efectividad de la capacitación.
Para medir la efectividad, primeramente se requiere definir el tipo
de resultado global que se espera de un modelo de competencia laboral.
Esto puede variar desde la suma simple de los impactos en los desempeños
individuales (cuántas personas de la organización mejoraron su desempeño)
hasta la mejora en el desempeño global de la organización en variables
críticos, e incluso en la cultura de trabajo orientada hacia la calidad
y la mejora continua en la satisfacción del cliente.
Variables globales que guardan relación directa con la capacitación
son algunos indicadores de gestión de recursos humanos, como son: la
rotación del personal, el clima laboral, el trabajo en grupo, la comunicación.
Sin embargo, también incide de manera directa en indicadores de calidad
del proceso, como son: el retrabajo, el hacer bien desde la primera
vez, la calidad en la operación, entre otros.
Experiencias en organizaciones en Inglaterra, haciendo alusión a la
misma encuesta, muestran que en la actualidad aun no es una práctica
común que las organizaciones evalúan el impacto de los modelos de capacitación
por competencia en los resultados globales de la organización (el 33%
lo hacía), ni tampoco en el cambio de la cultura organizacional (el
33% también). Lo que sí es común es la evaluación individual (el 80%
de la muestra) y la conversión de su suma en un indicador de impacto
global.(Rankin, 2000)
En el caso de una empresa mexicana que había capacitada y certificada
su personal en el área de restaurante, se pudo comprobar que a partir
de haber iniciado el proceso de formación por competencia laboral, la
satisfacción del cliente por el servicio y la venta del empleado se
elevaron. Cabe señalar, que la mejora no se podía atribuir totalmente
a la gestión por competencia laboral, ya que en el mismo período hubo
mejoras en los procesos y una política de precios relativamente bajos,
lo que influyó significativamente en la mejora observada.
Lo anterior nos lleva a la propuesta de realizar la evaluación de la
efectividad de la capacitación en los resultados globales de la organización
en cuatro momentos, donde la relación entre capacitación y resultado
se va diluyendo de manera progresiva. El primero es la evaluación de
la suma de los desempeños individuales, especialmente los relacionados
con lo puntos de aseguramiento de calidad que concuerdan con la nueva
versión de la norma ISO 9001. El segundo es la evaluación de algunos
indicadores claves de la gestión de recursos humanos y que inciden en
la calidad, como son el grado de rotación del personal, el clima laboral,
la comunicación. El tercero es la evaluación de procesos claves de satisfacción
del cliente, la mejora continua y el aseguramiento de calidad del producto
y proceso. El cuarto y el menos directo, pero por eso no el menos importante,
es la evaluación de los resultados económicos financieros de
la organización: retorno por activos, ventas por persona, expansión
de mercados, costo laboral unitario, costo unitario de maquinaria y
equipo, entre otros.
