ISO 9000 Y COMPETENCIA LABORAL
El aseguramiento del aprendizaje continuo en la organización
4. La evaluación de la efectividad de la capacitación
Evaluar la efectividad de la capacitación en la organización implica
un ejercicio de medición y comparación. El concepto efectividad
refiere al logro de objetivos: la relación entre el resultado y la expectativa
o el estándar.(Pritchard, 1990) En este caso y siguiendo el concepto
de competencia laboral, estamos entiendo por objetivos a los desempeños
demostrados, a nivel individual o de la organización. En el primero
se mide el grado de cumplimiento del perfil de la competencia en el
personal como resultado de la capacitación. En el segundo se mide el
impacto que la capacitación ha tenido en los resultados globales de
la organización.
Para ambos niveles de evaluación, la organización requiere establecer
los procedimientos de acuerdo a la filosofía de la ISO9000, versión
2000. Esto implica que se debe garantizar no solo la calidad
del proceso de evaluación en si misma, sino también la satisfacción
del cliente (el candidato en formación y los encargados de la gestión)
y la mejora continua de la formación. Desde la perspectiva de un proceso,
la evaluación es el principio y a la vez el fin del evento formativo;
es un instrumento que debe guiar el aprendizaje del candidato a través
de la transparencia en relación a las evidencias de desempeño y conocimiento
esperadas.
Evaluación de la competencia de las personas
Podemos enumerar y explicar varias condiciones que el proceso de evaluación
de la efectividad de la capacitación en el primer nivel debe cumplir,
desde nuestra perspectiva, para que esté en concordancia con: a) el
sistema de calidad ISO, versión 2000; b) la visión de las organizaciones
de aprendizaje y, c) el concepto de formación por competencia laboral.
La capacitación se tiene que entender de manera amplia, como el
conjunto de procesos que inciden en el aprendizaje. No necesariamente
implica horas aula, sino puede ser producto de la reflexión y el apoyo
en la práctica del trabajo, del auto estudio, de la experimentación,
entre otros. Cuando evaluamos la efectividad de la capacitación se
debe partir de este concepto amplio. Lo que realmente interesa es
evaluar los resultados de aprendizaje del candidato; en el
fondo lo que se mide es la efectividad de la organización en la generación
de saberes.
La evaluación debemos de entender no solo como un instrumento para
asegurar que la persona es capaz de cumplir determinados desempeños,
sino también para asegurar que en la organización existan procesos
de aprendizaje continuo, orientados a lograr los objetivos de la organización
y del personal. Para cumplir con este propósito, se requiere de una
transparencia en el formato y condiciones de la evaluación.
El aprendizaje es en última instancia la decisión voluntaria de cada
persona en la organización; en la medida que los estándares de desempeño
y conocimiento son transparentes, se contribuye no solo a la claridad
de la dirección del aprendizaje del personal sino también a optimizar
los esfuerzos dedicados a ello.
La evaluación no debe circunscribirse a evidencias de conocimientos,
sino centrarse en evidencias de desempeño que demuestran la capacidad
real en situaciones concretas de trabajo. Esto requiere la elaboración
de instrumentos de evaluación que abarcan resultados de desempeño
por observación, por producto y por conocimiento, tomando en cuenta
situaciones normales y de contingencia (imprevistos).
La evaluación no debe transformarse en una actividad costosa y burocrática
que consuma mucho tiempo y recursos de la organización. Por eso se
responsabiliza al candidato, quien es el interesado del aprendizaje,
que se hace cargo de la recopilación de evidencias a través de la
integración de un portafolio.
No solo la evaluación sino todo el proceso de formación no puede
ser costoso, porque la organización lo rechaza. En términos teóricos
se puede argumentar de que lo que vale para la organización es el
retorno sobre inversión y no el criterio de costo. Sin embargo, cuanto
más elevada la inversión que la formación significa, más dudas y cuestionamientos
surgirán en las esferas del mando de la organización, si realmente
habrá el retorno esperado. Por eso se recomienda apoyarse en materiales
didácticos auto dirigidos, que no requieren la presencia constante
de un instructor o formador para que el proceso de aprendizaje se
de. La inversión en este caso está en la elaboración de estos materiales,
que de preferencia estén adaptados al contexto de la organización,
para que tenga mayor aceptación entre el personal, sobre todo a nivel
operativo.
En la calidad del proceso de evaluación y formación, la verificación
interna y externa juegan un papel importante. La presencia de
una figura de tercera parte que no está involucrada directamente en
el proceso de formación, ayuda y estimula a los instructores y a los
candidatos de cumplir con los estándares demandadas y a presentar
evidencias sólidas. No se trata que el verificador repite la evaluación,
sino que la verifica en cuanto a la pertenencia y validez de las evidencias
presentadas y que asegure que el proceso haya sido en condiciones
justas para el candidato. Se requiere establecer un procedimiento
de evaluación y verificación, que mínimamente tendrá que abarcar los
aspectos siguientes:
i. Etapas generales del proceso de evaluación-verificación
ii. Procedimiento específico de evaluación (etapas y responsables)
iii. Procedimiento para la integración del portafolio de evidencias
iv. Procedimiento de la capacitación por competencia
v. Procedimiento de verificación interna y externa
vi. Formatos de verificación interna y externa
vii. Formato de registro del candidato
viii. Cédula de evaluación
ix. Control de documentos, datos y registros
Cabe aclarar que desde la perspectiva de competencia laboral interesa
evaluar la efectividad de la capacitación en términos de los aprendizajes
demostrados. Por eso, no interesa tanto el registro de los cursos de
capacitación sino la evolución de la competencia del personal a través
de las evidencias demostradas en el tiempo. Esto es un indicador de
la efectividad de la organización en cuanto a la generación de nuevos
saberes.
7. Los resultados de la evaluación de la capacitación son el insumo
para acciones de mejora. Siendo la formación un proceso continuo,
lo conveniente es que los instrumentos sean flexibles y que
en los procedimientos se introducen componentes que registran las
propuestas de mejora de los involucrados en el proceso. Estos
componentes van desde la recopilación de opiniones y sugerencias de
los candidatos sobre la pertinencia y calidad de los instrumentos
y cursos, hasta los reportes con sugerencias de mejora como parte
de la verificación interna y externa.
Estos puntos no son exhaustivos para una gestión de competencia laboral
en una organización, pero consideramos los críticos en el estadio en
que nos encontramos en las experiencias reales. En la medida que estas
experiencias evolucionen, habrá que precisar y modificar estos puntos
críticos.
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