3. La identificación del perfil de la competencia laboral
La identificación de la competencia laboral requerido por el personal
se inscribe en el contexto de la evolución del mercado y de las tendencias
tecnológicas y organizativas que a nivel mundial están ocurriendo. Tendencias
que se caracterizan por su creciente complejidad y apertura sistémica,
lo que ha llevado a una multiplicidad de relaciones que inciden en el
perfil de competencia requerida del personal.
Cada vez resulta más limitada y de poca utilidad la descripción de
un puesto a partir del análisis tradicional de tareas, basada en la
observación de tiempos y movimientos. Técnica ha dejado de ser funcional
para determinar cómo se logran objetivos complejos y dinámicos. Esto
requiere de que el análisis de competencias requeridas incluye situaciones
y variables que reflejan el alcance o extensión del aprendizaje,
como son la resolución de situaciones imprevistas, la comunicación,
el trabajo en equipo, la inteligencia emocional; así como la relación
de todas estas capacidades con la especialidad técnica, ya que esto
determina la profundidad del aprendizaje.
Yendo al terreno de la identificación del perfil de competencia laboral
que pide la norma ISO en su nueva versión, conviene primero aclarar
el concepto. La competencia laboral se puede definir de diferentes maneras,
según el contexto en que se la plantea y el enfoque epistemológico de
que se parte. La definición más elemental de competencia laboral sería:
las capacidades demostradas por la persona en situaciones concretas
de trabajo. Para que las definiciones adquieran significado, las tenemos
que contextualizar. En este caso lo es la norma ISO9001:2000. Ubicándola
en este contexto, la competencia laboral se puede definir como las capacidades
demostradas por la persona para contribuir a la satisfacción del cliente
y a la mejora continua de los procesos de calidad y eficiencia en las
organizaciones.
Enfoques Metodológicos
Definiendo de esta manera a la competencia laboral, se difiere del
concepto de calificación que la versión anterior del ISO empleaba, ya
que este apela más al bagaje de conocimientos, a la capacidad potencial,
para desempeñar una función o puesto. (Mertens, 1996) Aparentemente
las diferencias son minúsculas y del orden teórico, que en poco afectarían
a la gestión de un sistema de calidad en la organización. Sin embargo,
sí hay un cambio de fondo en el sistema de calidad en lo que atañe el
aseguramiento de la formación del personal, por todo lo que implica
el modelo de instrumentación de la competencia laboral.
Los modelos de instrumentación de la competencia laboral que existen
a nivel mundial son múltiples, según el enfoque que se quiere dar al
aprendizaje del personal y la posición que ocupa la persona en la estructura
de mando y responsabilidades de la organización. Pueden coexistir varios
enfoques a la vez en la organización, sin que esto afecte negativamente
la coherencia como sistema.
Los modelos existentes se pueden clasificar en tres clases: funcionalista,
conductista y constructivista.(Mertens, Ibíd.) La aproximación funcional
refiere a desempeños o resultados concretos y predefinidos que la persona
debe demostrar, derivados de un análisis de las funciones que componen
el proceso productivo. Generalmente se usa este modelo a nivel operativo
y se circunscribe a aspectos técnicos, convirtiéndolo en la plataforma
de los desempeños mínimos esperados del personal. Las evidencias que
modelos de este tipo (3)
piden son: de producto; los resultados de las observaciones de la ejecución
de una operación; y, de conocimientos asociados.
Por ejemplo en la industria del vestido, una evidencia de producto
es el ensamble de una pieza que tiene dobleces, botones y que cumple
con la calidad en el terminado; una evidencia de desempeño es la observación
en el manejo de la máquina y del orden y limpieza que la operadora mantiene
en su lugar de trabajo; una evidencia de conocimiento es la identificación
de las partes de la máquina de coser y sus funciones, y la explicación
de cómo asegurar la calidad en su puesto de trabajo.
En el contexto de la norma ISO9001:2000, el análisis funcional puede
ser útil para asegurar la calidad en la operación de la persona en situaciones
y procesos predeterminadas.
El modelo conductista se centra en identificar las capacidades
de fondo de la persona que conlleva a desempeños superiores en la organización.
Generalmente se aplica a los niveles directivos en la organización y
se circunscribe a las capacidades que le hacen destacar ante circunstancias
no predefinidas.
Por ejemplo, capacidad analítica, toma de decisiones, liderazgo, comunicación
efectiva de objetivos, creatividad, adaptabilidad. En este caso los
desempeños a demostrar por la persona no se derivan de los procesos
de la organización sino de un análisis de las capacidades de fondo de
las personas que se han destacado en las organizaciones. Por ejemplo,
capacidades a demostrar en liderazgo pueden ser: a) plantear objetivos
claros; b) estimular y da dirección a equipos de trabajo; c) tomar responsabilidad
y adjudicar sus acciones; d) identificar las fortalezas de otros y delegar
tareas adecuadamente; entre otros.
En el contexto de la norma ISO9001:2000, estas capacidades en la persona
son importantes para cumplir con la satisfacción del cliente que demanda
la continua adaptación para lograr los cambios requeridos. Los productos
y procesos de adaptación para lograr la satisfacción del cliente no
se pueden predeterminar. Aunque si se pueden definir resultados finales,
como grado de satisfacción de los clientes y la mejora en costos y rentabilidad.
En el modelo constructivista no se defina a prioiri las
competencias del personal, sino las construye a partir del análisis
y proceso de solución de problemas y disfunciones que se presentan en
la organización. En esta perspectiva, las competencias están ligadas
a los procesos en la organización: es el desarrollo de las competencias
y la mejora de los procesos.
Por ejemplo, en una empresa se hace conciencia entre el personal directivo
y operativo, que no se tienen definidas rutinas de mantenimiento preventivo,
ni las técnicas para el predictivo. A la vez que se diseñan estas rutinas
y técnicas, las competencias del personal implicadas van emergiendo.
Desde esta perspectiva no interesa identificar como competencia las
capacidades existentes y predeterminados, sino las que emergen en los
procesos de mejora.
Revisando las prácticas de las empresas líderes en gestión de competencia
laboral, se llega a la conclusión que éstas tienden a combinar los diferentes
enfoques metodológicos, según la necesidad que se presente. Experiencias
de empresas líderes en Inglaterra, país donde institucionalmente más
se ha avanzado en la aplicación de la metodología funcional, muestran
esta hipótesis. Una encuesta en 1999 entre 196 empresas que aplican
una gestión de competencia laboral y que ocupaban en conjunto a más
de un millón de personas, reveló que el 63.6 % diseñaron un modelo mixto,
donde una parte obedece a un modelo funcional (refiriéndose a las competencias
técnicas, aplicadas al nivel operativo) y otra parte a un modelo conductista
(generalmente competencias claves que reflejan la cultura de la organización
y competencias aplicadas a los niveles de mando); de las empresas restantes,
el 23.4 % aplicaban solamente competencias conductistas y el 13.0% solamente
competencias técnicas.(Rankin, 2000)
3. Se reflejan en los formatos de la norma del modelo
británico (NVQ) y del CONOCER en México.
