Capítulo V La formación profesional como
espacio de diálogo social y como herramienta para su fomento
El diálogo social constituye el más antiguo y permanente
precepto orientador de la acción de la OIT en el mundo y es, a la vez, el más
estrechamente vinculado a su esencia y misión. En efecto, el tripartismo que es al
mismo tiempo un principio estructural y una línea programática de la OIT-, supone
necesariamente, la existencia de un fluido diálogo social. Hoy, en los albores del nuevo
siglo, continúa siendo necesario y urgente el contar con actores sociales y
gubernamentales fuertes y activos, así como con instancias de diálogo que permitan
definir los rumbos del desarrollo económico social con la debida consideración de los
diversos intereses presentes en la sociedad. La creación de un Programa Técnico InFocus
con ese preciso objetivo ratifica la esencialidad del fortalecimiento de los actores con
miras al diálogo social.
La
formación profesional como lugar de encuentro entre intereses y actores diversos
En América Latina y el Caribe existen actualmente serias
dificultades para colocar el diálogo social en un primer plano. Los gobiernos nacionales,
globalmente considerados, enfrentan situaciones de menor margen para la toma de decisiones
autónomas, debido al condicionamiento que imponen los nuevos contextos de apertura
comercial, competencia internacional y globalización financiera. Dentro de la estructura
gubernamental, las carteras laborales tienen muchas veces que enfrentar directamente las
consecuencias de decisiones y procesos que no pasan por su órbita, y las más de las
veces no son convocados a la discusión de la agenda económica. Esto corre paralelamente
a una ampliación de los tipos y niveles de demandas que se les exige atender.
Los actores sociales, por su lado, enfrentan también
situaciones de relativa debilidad. Las organizaciones de empleadores no logran en muchos
casos superar las estrategias exclusivamente reactivas frente a los cambios que impone la
apertura y la globalización. El crecimiento de los sectores de la micro y pequeña
empresa, así como del sector informal de la economía, cuestionan su capacidad de
organizar y representar los esfuerzos productivos que están teniendo lugar en los
países. Las empresas afiliadas, a su vez, exigen de estas organizaciones que
diversifiquen sus servicios más allá de la mera función de representación de
intereses, al área tecnológica, de asesoría comercial, de capacitación, etc.
En el caso de las organizaciones de trabajadores la
situación es aún más compleja. La desaparición de la pauta del empleo permanente, la
disminución del empleo industrial, formal y asalariado, colocan a estas organizaciones
frente a desafíos de entidad a la hora de representar los intereses de trabajadores y
trabajadoras que se encuentran en situaciones laborales sumamente heterogéneas y cada vez
más diferentes de aquéllas que predominaron en las épocas de surgimiento y auge del
movimiento obrero. La mayor parte de las organizaciones de trabajadores no han logrado
aún adecuarse conceptual y operativamente al mayor número de trabajadores informales, al
de trabajadores desempleados, a la feminización de la fuerza de trabajo o a los
contingentes de jóvenes que buscan incorporarse al mercado de trabajo. Si las
organizaciones de empleadores han perdido poder de presión para negociar, por ejemplo, la
política arancelaria de los países, las organizaciones de trabajadores han perdido
terreno en la negociación salarial, en la estabilidad laboral, en la legislación que
ampara sus derechos.
Estos y otros factores hacen que en América Latina y el
Caribe haya sido las más de las veces una tarea ardua el establecer espacios de diálogo
social, y aún más que los mismos sean duraderos. Dentro de ese panorama, sin embargo,
existe un campo donde el diálogo y los acuerdos parecen más accesibles: la formación
profesional.
Al mismo tiempo, la formación ha dejado de ser un tema
secundario dentro de las relaciones laborales, desplazándose a un sitial central. A
ello no es ajeno el crecimiento en la importancia del factor conocimiento dentro de los
procesos de producción y trabajo, y a que cada vez más la formación es considerada un
elemento clave de las estrategias de incremento de la productividad y mejoramiento de la
competitividad, pero también del aseguramiento de condiciones equitativas de acceso al
conocimiento y las oportunidades de empleo.
A la vez que los actores sociales han perdido espacios de
negociación en otros planos, en la formación profesional parecen ser potencialmente
fuertes. Tanto empleadores como trabajadores, a través de sus organizaciones, participan
cada vez más activamente en la vida de las instituciones de formación profesional (o
demandan poder hacerlo), crean sus propias entidades de formación, en ocasiones con
modalidades de gestión bipartita, incorporan de mutuo acuerdo este tema a la negociación
colectiva.
Los Ministerios de Trabajo, por su lado, han dejado de
ocuparse exclusivamente de su función mediadora en los conflictos entre capital y trabajo
para adquirir un mayor protagonismo dentro del escenario de la formación y la
capacitación. No existe hoy en la región un solo Ministerio de Trabajo que no cuente con
un unidad o servicio especializado en el tema, y en varios países tienen formalmente a su
cargo la definición de políticas y la administración de fondos de capacitación.
Concomitantemente a este posicionamiento de los Ministerios de Trabajo y los actores
sociales en el campo de la formación profesional, han aparecido experiencias novedosas de
diálogo social, tanto en el ámbito nacional como local y sectorial.
La aparición de estos espacios pone de relieve, en primer
lugar, que la formación profesional es un campo donde promedialmente resulta posible
alcanzar mayores acuerdos entre los actores. De hecho, muchos de los espacios antes
mencionados, han prosperado en contextos de alta conflictividad por otros temas. En
segundo lugar, la posibilidad de alcanzar acuerdos y concretar resultados en este campo,
permite desarrollar procesos de aprendizaje por parte de los actores, vale decir, que la
discusión en torno a la formación profesional puede enseñar a discutir y acordar en
otros temas que, hasta el momento, han resultado demasiado conflictivos y difíciles. Esto
último no es, como podría parecer, un planteo ingenuo. Lo cierto es que la formación
profesional, adecuadamente discutida, nunca es un tema aséptico y separado de los otros
temas involucrados en las relaciones de trabajo: empleo, salario, condiciones de trabajo,
seguridad e higiene laboral, productividad, calidad, etc. Está profundamente vinculado a
todos ellos, pero con la diferencia de que es bastante más sencillo lograr acuerdos en
él, y por eso mismo es un buen comienzo para las experiencias de diálogo social.
Las experiencias existentes tienen, sin embargo, la
debilidad de las cosas incipientes. Las organizaciones de trabajadores y de empleadores,
no disponen de suficientes delegados con la preparación adecuada para participar en las
instancias de diálogo social sobre formación profesional. El conocimiento de las
experiencias internacionales en cada país, aún es escaso y podría ser de gran utilidad
para los países del área Andina o Centroamericana, acercarse a los avances relativamente
mayores en los países del Cono Sur, así como a la región en general, interiorizarse de
lo hecho a nivel de la Unión Europea y sus países. La ampliación de los servicios de
las organizaciones de empleadores y de trabajadores al ámbito de la formación
profesional les está trayendo muchos beneficios, pero también muchas dificultades y
discusiones acerca de hasta dónde este tipo de organizaciones debe involucrarse, por
ejemplo, en la ejecución de políticas públicas de capacitación y empleo.
Los antecedentes de la formación profesional como espacio
de diálogo social en América Latina y el Caribe remiten prácticamente a los mismos
orígenes de las instituciones nacionales. Este es, precisamente uno de los rasgos
originales de este campo en la región ya que muchas de aquellas instituciones adoptaron
formas de gestión tripartitas o multipartitas. Dicha característica se mantiene todavía
hoy en varios países llegando inclusive y en algunos casos a profundizarse a través de
los procesos de descentralización tanto regional como sectorial. Tales son los casos de
INA en Costa Rica, SENA en Colombia, INFOTEP en República Dominicana, INAFORP en Panamá
o INCE en Venezuela, entre otros.
Sin embargo y más recientemente han sido creados en la
región una multiplicidad de nuevos espacios e instancias de diálogo social en las cuales
la formación profesional es el tema central de interlocución y negociación. El fomento
al desarrollo del diálogo social en torno a la formación viene dado, fundamentalmente,
por el entendido de que constituye un instrumento imprescindible para alcanzar el objetivo
de la adecuación y pertinencia de las acciones formativas respecto de las necesidades de
los aparatos productivos de los países - y al interior de éstos, de las regiones -, así
como una condición necesaria para la legitimación social de las políticas formativas, y
para que los actores del mundo laboral se comprometan efectivamente en el desarrollo e
implementación de las acciones de formación profesional desarrolladas en distintos
ámbitos.
Actualmente es posible identificar, además de los ya
mencionados ejemplos de instituciones nacionales de formación profesional, distintos
niveles en los cuales se desarrolla el diálogo social en torno a la formación
profesional. En primer lugar podrían mencionarse aquellas instancias que constituyen
ámbitos públicos, tripartitos, de planificación, gestión y monitoreo de las políticas
formativas a nivel nacional. En América Latina y el Caribe hay una serie de ejemplos de
este tipo de instancia, entre las cuales podrían mencionarse:
El Consejo Deliberativo del Fondo de Amparo al Trabajador (CODEFAT),
de Brasil. Este es un organismo tripartito que tiene como cometido administrar el
Fondo de Amparo al Trabajador (FAT), compuesto por aportes tanto de trabajadores como
empleadores del sector formal de la economía. Parte del fondo FAT es destinado a
financiar actividades del sistema nacional de empleo, como ser: seguros de desempleo,
orientación laboral e intermediación de mano de obra, programas de formación
profesional para distintos colectivos y programas de generación de empleo e ingresos,
entre otros.
En Chile, a partir de la reestructuración del
Servicio Nacional de Capacitación y Empleo (SENCE), en 1997, fue creado el Consejo
Nacional de Capacitación. Éste tiene una estructura tripartita (aunque no
paritaria), y su función es la de asesorar al Ministerio de Trabajo en la formulación de
la política nacional de capacitación. Es una instancia que fue creada con fines de
asesoría y no tiene, por lo tanto, facultades resolutivas sobre la materia.
En México, el Consejo de Normalización y
Certificación de Competencias (CONOCER), es una entidad de carácter tripartito,
cuyos cometidos son los de planificar, operacionalizar, fomentar y actualizar el Sistema
Normalizado y de Certificación de Competencias Laborales de México. El sistema que
articula el CONOCER abarca las fases de identificación de competencias, normalización,
formación y certificación, a partir de lo cual puede sostenerse que son abarcadas todas
las fases que conforman el concepto de competencias laborales. En el diseño del Sistema
Normalizado y de Certificación de Competencias Laborales cumplen un papel muy importante
los Comités de Normalización, que son grupos integrados por trabajadores y empleadores,
generalmente representativos de una rama de actividad, que con el apoyo técnico del
CONOCER, cumplen la tarea de identificar las competencias y plasmarlas en normas.
En Uruguay, la Junta Nacional de Empleo (JUNAE),
organismo de composición tripartita que funciona en la órbita del Ministerio de Trabajo
y Seguridad Social, es la encargada de administrar el Fondo de Reconversión Laboral. Este
fondo se constituye con aportes tanto de trabajadores como de empleadores, y a través del
mismo se financian los cursos de reconversión laboral para trabajadores amparados al
seguro de desempleo, así como cursos de capacitación destinados a colectivos sociales
particularmente desfavorecidos en lo que respecta al mercado de trabajo.
En segundo lugar pueden identificarse
aquellos ámbitos públicos tripartitos de planificación y gestión de las políticas de
formación, que tienen un alcance regional o local. Así como la incorporación de los
actores de los sistema de relaciones laborales se ha considerado imprescindible en la
consecución del objetivo de la adecuación y pertinencia de las acciones formativas
respecto de las necesidades de los aparatos productivos, así también la
descentralización y la democratización de la construcción de la demanda formativa ha
sido considerada como una condición para acercar, en el mayor grado posible, las demandas
formativas de los trabajadores y de las unidades productivas a la oferta de los múltiples
actores que desarrollan acciones de formación. Entre las experiencias de diálogo social
sobre formación a escala regional o local pueden mencionarse:
En Brasil, las Comisiones Estaduales y Municipales
de Empleo. Éstas han sido creadas como instrumento de descentralización y
democratización de la actividades financiadas a través del fondo FAT. Son organismos
tripartitos que tienen como uno de sus principales cometidos el de evaluar las solicitudes
de crédito para acciones formativas a nivel estadual y municipal respectivamente.
En Chile, han sido instaurados los Consejos
Regionales de Capacitación, instancias tripartitas de alcance regional, que tienen
por objetivo asesorar al gobierno regional en el desarrollo de la política nacional de
capacitación a nivel de su correspondiente región.
Un caso interesante de diálogo social sobre formación a
nivel regional, que aunque no se desarrolle en el seno de un organismo público, tiene la
misma lógica y fundamentos que los reseñados arriba, lo constituye la experiencia
argentina de los Consejos de Capacitación y Formación Profesional, implementados
actualmente en las ciudades de Rosario, Mendoza y Comodoro Rivadavia. Dichos Consejos son
de carácter bipartito, integrados por organizaciones de trabajadores y de empleadores, y
fueron creados con el fin de promover el mejoramiento y perfeccionamiento de los perfiles
ocupacionales de los trabajadores de las distintas Provincias y regiones, tanto de
aquellos que se encuentran ocupados como de quienes se encuentran circunstancialmente sin
empleo.
En tercer lugar se encuentran las
instancias de negociación y diálogo sobre formación de carácter bipartito, conformadas
por organizaciones de trabajadores y organizaciones de empleadores, las cuales pueden ser
a nivel de rama de actividad o, en un grado aún mayor de desagregación, a nivel de
empresa. Habría que señalar aquí que lo que constituyen convenios colectivos (ya sean a
nivel de rama de actividad o de empresa) sobre formación profesional, serán tratados en
el siguiente capítulo, específicamente dedicado a la negociación colectiva sobre
formación, que por cierto constituye un tipo de diálogo social en torno a la materia que
nos ocupa. Se podrían mencionar, como ejemplos de instancias bipartitas de diálogo
social sobre formación, las siguientes:
En Argentina, los ya mencionados Consejos de
Capacitación y Formación Profesional, los cuales además de ser instancia regionales
- razón por la cual fue mencionada en el ítem anterior, constituye una experiencia de
diálogo social bipartito, por lo que corresponde que se la mencione aquí también.
Los Comités Bipartitos de Capacitación, en Chile.
Éstos han sido creados a nivel de las empresas, con el cometido de acordar y evaluar los
programas de capacitación para los trabajadores y asesorar a las direcciones de las
mismas en materia de capacitación. Este tipo de Comité deberá ser instaurado en toda
empresa que tenga 15 o más trabajadores, y parte de los costos de las acciones formativas
de las empresas, que cuenten con la aprobación del Comité Bipartito, podrán ser
descontados de los impuestos que aquellas paga, hasta el 1% de su planilla salarial.
En Uruguay, la Fundación para la Capacitación de
Trabajadores y Empresarios de la industria de la Construcción. Esta Fundación fue
creada a partir de la firma de un Convenio Colectivo entre trabajadores y empleadores, en
1997. Tiene a su cargo la gestión de la formación profesional, calificación y
certificación profesional de los trabajadores y los empresarios del sector. Tiene
asimismo el cometido de realizar estudios e investigaciones que ayuden a mejorar la
competitividad del sector, intentando mantener el nivel de empleo en el mismo.
En cuarto lugar, en los últimos años ha
tenido lugar una serie de cambios que han puesto a prueba a las instituciones de
formación profesional del Caribe. Resultado de los mismos es un sistema de ETFP (Enseñanza
Técnica y Formación Profesional) más proactivo, lo cual se refleja tanto a nivel
nacional como regional en la forma de impartir competencias, en el reconocimiento de
calificaciones y en la promoción de mayores vínculos entre los organismos. La
participación de las organizaciones de empleadores y de trabajadores, junto a los
gobiernos, constituye uno de los hechos más sobresalientes. La actual institucionalidad
toma en cuenta el involucramiento de los actores sociales en el diseño y ejecución de
las políticas y programas de formación profesional y educación técnica. Además, este
hecho ha tenido un impacto significativo en el desarrollo de instituciones nacionales de
certificación donde empleadores, trabajadores y gobiernos también están participando.
Entre estos cambios se cuentan los
siguientes: desplazamiento de la prestación de la FP del sector público al privado;
menor oferta de empleos no especializados, de bajos ingresos; fortalecimiento de las
políticas de desarrollo de recursos humanos, que incentivan a las personas a
auto-desarrollarse; y la tendencia del CARICOM hacia una economía única. Estas
corrientes no sólo están redefiniendo ambiente laboral, sino que también modifican la
forma en que la gente se prepara para el trabajo.
Este nuevo impulso que ha llevado a los
cambios en el funcionamiento de las instituciones de enseñanza técnica y formación
profesional (ETFP) es parte de una más amplia visión estratégica en lo que se refiere a
la capacitación en consonancia con las necesidades del empleo. Dicha visión se expresa a
través de la forma en que las personas buscan un empleo apropiado con el apoyo de las
instituciones de ETFP. Se recoge en toda la región el sentimiento de que el empleo tiene
que ofrecer al individuo tanto recompensa económica como realización vital, a través de
la auto-expresión y la dignidad personal.
Esta influencia se canaliza sobre todo a
través de las actividades y el desarrollo de las unidades coordinadoras de la ETFP
(instituciones de FP) que se denominan en el Caribe National Training Agencies (NTA).
Dichos organismos gubernamentales de cobertura nacional se crearon con el fin de cerrar la
brecha de competencias que existía, y conformar una infraestructura educativa uniforme en
colaboración con los sindicatos y las asociaciones empresariales. Están representadas
por el HEART Trust / NTA de Jamaica, la National Training Agency de
Trinidad y Tabago, el Technical and Vocational Education and Training Council de
Barbados y la recientemente creada Guyana Training Agency. En Santa Lucía
se está estudiando la creación de un organismo similar.
La necesidad de coordinar la información
del mercado laboral y los requisitos de calificaciones a nivel nacional y regional, no se
ha perdido de vista en la labor llevada a cabo por muchas instituciones de ETFP de la
región del Caribe. Una actividad en particular que se ha venido destacando para acercar a
gobiernos y organizaciones de empleadores y trabajadores para que coordinen mejor el
ajuste competencias/empleo, ha sido el desarrollo de calificaciones profesionales comunes,
un proceso en el que las agencias de ETFP del Caribe se empeñan con dedicación.
Además de la creación de las NTAs arriba
mencionadas en Jamaica, Trinidad y Tabago, Barbados y Guyana, estas instituciones se han
embarcado en forma conjunta en la formación de una fuerza laboral competente, mediante la
instauración de calificaciones profesionales (de alcance nacional) sobre la base de
competencias. Desarrolladas a partir de iniciativas tripartitas, las calificaciones
profesionales basadas en competencias se cotejan internacionalmente, para asegurar que el
producto final esté de acuerdo con los requerimientos de la industria. Las NTAs colaboran
también para lograr el mutuo reconocimiento de sus respectivas
destrezas/competencias/calificaciones y llegar ulteriormente a la formulación de
calificaciones profesionales para todo el Caribe (CVQ, en inglés). Al abordar las normas
profesionales comunes y la acreditación, estas iniciativas se han anticipado al actual
debate de los estados miembros del CARICOM acerca del libre movimiento de competencias y
la implementación del Protocolo II.