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Fecha de actualización:
24/02
/2010

 


Documento de Referencia 1: Cinterfor/OIT

FORMACIÓN PARA EL TRABAJO DECENTE

 

Capítulo IV
La formación profesional como instrumento de protección social

 

  1. Realzar el alcance y la eficacia de la protección social para todos es el tercer objetivo estratégico de la OIT para el bienio 2001-2002. Trabajo decente, seguridad social y condiciones de trabajo constituyen las dimensiones más relevantes de tal objetivo. Desde el punto de vista de la formación profesional y su potencial aporte a la concreción de este objetivo, adquiere especial relevancia la consideración de determinados colectivos que, por su propia situación, justifican una priorización de las acciones a ellos dirigidas con el fin de incrementar y mejorar sus niveles de protección social. En este capítulo se aborda por un lado, la situación actual de los trabajadores desempleados, de los trabajadores activos que hacen frente a los procesos de cambio y reconversión tecnológica y productiva, de los jóvenes y de las mujeres. Por otro, se busca reseñar las experiencias en curso en la región en materia de políticas orientadas a tales colectivos.
  2.  

    Formación profesional para los trabajadores desempleados

  3. Dentro de lo que constituye el amplio y heterogéneo público de la formación, los trabajadores desempleados son, probablemente, una de las categorías que demandan mayores esfuerzos en términos de formulación de políticas y estrategias en la región y en el mundo. Se trata sin duda de un desafío de primer orden, no sólo por la significación cuantitativa del problema, sino también porque los desempleados constituyen, a su vez, también un grupo que presenta importantes heterogeneidades internas.
  4. El desempleo reviste características diferentes en primer lugar, de la etapa de la vida en que se encuentren las personas. Así los requerimientos que plantean los jóvenes que buscan insertarse por primera vez en el mercado de trabajo, son diferentes a los de un trabajador adulto que a perdido su empleo y, aún más, de los de un trabajador desempleado de edad avanzada.
  5. Los niveles de calificación de las personas constituyen también un factor de diferenciación, y si bien se constata una correlación positiva entre calificación y acceso al empleo, en muchos casos y especialmente entre los jóvenes las tasas de desempleo son significativamente superiores a las del resto de la población activa, a pesar de los mayores índices de escolaridad que presentan los primeros.
  6. Finalmente, los varones y las mujeres se ven también afectados en forma diferente por este problema, no sólo en lo que hace al comportamiento de las tasas respectivas, sino también y fundamentalmente en las situaciones que plantea para unos y otras y sus consiguientes requerimientos.
  7. La ya mencionada asociación entre mayores niveles de calificación y mayores posibilidades de acceso y mantenimiento del empleo, así como entre niveles de calificación y salarios, es por si solo un argumento convincente a efectos de promover las inversiones en materia de educación en general, y de formación profesional en particular.
  8. Es preciso, sin embargo, volver a señalar que sólo mediante la educación y la formación profesional no resulta posible dar cuenta de la globalidad del problema ni de sus múltiples aristas. La experiencia regional indica precisamente la necesidad no sólo de incrementar y perfeccionar las acciones en materia de formación profesional, sino también de realizar esfuerzos tendientes a articular tales acciones con otras complementarias en una perspectiva a la vez integral y sistémica.
  9. Así por ejemplo, las acciones encaminadas a facilitar el ingreso por primera vez al mercado de trabajo ha de tomar en cuenta no sólo lo relativo a los requerimientos técnicos demandados por el mercado de trabajo, sino también cuáles son los niveles de calificación previos de las personas, en este caso fundamentalmente jóvenes y mujeres. De ello se deriva si sólo mediante acciones de capacitación se atiende al centro del problema o si es preciso, además, complementar esto con esfuerzos tendientes a la nivelación y recuperación de niveles de educación básicos. Otro aspecto que los programas orientados a este tipo de población suelen tomar en cuenta, es uno de los rasgos distintivos de tales buscadores de trabajo por primera vez es justamente su falta de experiencia laboral previa. Es debido a ello que la capacitación suele aparecer complementada con mecanismos de apoyo a la inserción en el mercado de trabajo como son las ofertas de primeras experiencias laborales, sea bajo la forma de pasantías o de becas de trabajo.
  10. En cuanto a los trabajadores que han perdido su empleo, las experiencias más innovadoras tienden a articular no sólo los mecanismos de protección social como el seguro de desempleo y la oferta de cursos de capacitación, sino que también desarrollan estrategias de tipo integral atendiendo a la globalidad de la situación que afecta a estas personas. Como fuera dicho antes, la situación de desempleo acarrea una serie de consecuencias que van más allá de la pérdida de una fuente de ingresos regular. Al quedar el trabajador desvinculado de la relación laboral, se desvincula también de una parte importante de lo que son sus formas de socialidad y sufre un desdibujamiento de su identidad y una merma en su autoestima. Todos estos factores combinados refuerzan su condición de excluido y, en la medida que la situación se prolongue, disminuyen sus posibilidades de reinsertarse en el mercado de trabajo.
  11. A los seguros de desempleo y las oportunidades formativas tienden agregarse entonces servicios de orientación e intermediación laboral, componentes de educación básica en aquellos casos en que se constatan déficits en este aspecto. Asimismo, y contemplando la pérdida de espacios de socialidad, de identidad y del sentido de pertenencia, tales experiencias procuran proveer de espacios colectivos de búsqueda de soluciones y recuperación de la confianza en los propios medios.
  12. Por otra parte, las nuevas estrategias formativas orientadas a desocupados de diverso tipo están colocando un énfasis cada vez mayor en lo que refiere no ya la calificación estrictamente técnica para desempeñarse en el marco de trabajos asalariados o en relación de dependencia, sino también en lo que concierne al desarrollo de capacidades de emprendimiento y gestión, apuntando fundamentalmente a las alternativas del autoempleo y los microemprendimientos.
  13. Esto último se apoya en los datos firmes que demuestran el sostenido declive de las formas clásicas de relación laboral, a la vez que se constata que la única significativa generación de empleo tiene lugar bajo estas modalidades donde la capacidad de emprendimiento y gestión resultan fundamentales. Si bien en muchos casos las microempresas, así como buena parte de los empleos por cuenta propia, adolecen de serios problemas en materia de productividad, protección social y remuneraciones, resulta ineludible considerar el hecho de que ellos constituyen uno de los pocos espacios económicos donde la generación de empleo aún resulta posible.
  14. De lo anterior se deriva un importante desafío, cual es el de diseñar estrategias de fortalecimiento de los microemprendimientos y el autoempleo, a fin de que las oportunidades de trabajo y generación de ingreso que ellos conllevan, se vean acompañados de una mayor viabilidad económica, mayores niveles de productividad, mayor protección social de los trabajadores involucrados en este tipo de iniciativas y un mejor nivel de ingresos, convirtiéndolos simultáneamente en una pieza clave de las políticas de generación de empleo.
  15. Por otra parte, las nuevas competencias demandadas en el mercado de trabajo apuntan, más allá del tipo de relación contractual establecida, a una mayor dosis de autonomía del trabajador quien debe gerenciar su propia carrera profesional y laboral. Estas nuevas competencias resultan fundamentales para encarar con éxito las alternativas del autoempleo y los emprendimientos productivos, pero lo son también y cada vez más para cualquier trabajador en la situación actual del mercado de trabajo. Así, las estrategias destinadas a desarrollar una amplia gama de competencias que superen los conocimientos exclusivamente técnicos del trabajo y avancen hacia la capacidad de analizar, interpretar, comunicar, innovar y colaborar, entre otras, son aspectos cuyo dominio resulta imprescindible para todos los trabajadores.
  16. Finalmente, importa llamar la atención sobre algunas implicaciones del problema del desempleo hasta aquí no referidas. En primer término, el desempleo tiene consecuencias económicas importantes para la sociedad en al menos dos sentidos: primero, porque la cobertura mediante los dispositivos del seguro de desempleo y otros mecanismos de protección implican costos importantes (y tanto más importantes cuanto mayor es el desempleo); segundo, porque esa sociedad se priva de contar con el aporte de las capacidades de las personas que se encuentran desempleadas. En segundo lugar, en las culturas de nuestros países el trabajo –y su forma por décadas más típica: el empleo asalariado- constituye la forma más directa de acceso al pleno ejercicio de la ciudadanía. De ahí que no es exagerado afirmar que el desempleo, además de un problema económico de primer orden, también constituye un problema (y un desafío) de orden político.

La formación de trabajadores activos

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