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Fecha de actualización:
24/02
/2010

 


Documento de Referencia 1: Cinterfor/OIT

FORMACIÓN PARA EL TRABAJO DECENTE

 

Capítulo III
Formación profesional y promoción del empleo

 

  1. Crear mayores oportunidades para las mujeres y los hombres, con objeto de que dispongan de unos ingresos y un empleo decorosos, constituye uno de los objetivos estratégicos de la OIT para el bienio 2002-2003. Trabajo decente; apoyo a la política de empleo; inversión en el desarrollo de conocimientos teóricos y prácticos y empleabilidad; y creación de empleos, son las líneas de acción a través de las cuales se propone actuar con relación a tal objetivo. Existe claramente una ligazón directa entre la formación profesional y la inversión en conocimientos y el desarrollo de la empleabilidad, y resulta igualmente relevante el aporte que la formación puede realizar en el marco de las políticas activas de mercado de trabajo y a las estrategias de mejoramiento de la productividad y la competitividad. En este capítulo se procura profundizar en la naturaleza de dicho aporte, tanto en el plano conceptual, como desde la experiencia regional en este plano.

  2. Formación profesional, empleo y empleabilidad

  3. Entre los múltiples planos en los cuales la formación profesional resulta frecuentemente llamada a desempeñar un papel, se encuentra, de modo principal, el de las estrategias tendientes a incrementar el empleo disponible y su calidad. Ello lleva a que, más allá de las variantes existentes en lo que se conoce como "políticas activas de empleo", la formación profesional aparezca siempre como un componente estratégico o, cuando menos, fundamental en éstas.
  1. Su vínculo con tales temas es indudable y se deriva de su misión original y principal: la de preparar a las personas para el mundo del trabajo. Es en función de dicha misión que la formación profesional apunta a desarrollar capacidades para insertarse eficazmente en organizaciones productivas, sean éstas de bienes o de servicios. Se establece así una correspondencia, al menos teórica, entre lo que el trabajo demanda en términos de conocimientos, habilidades y destrezas y los que la formación profesional entrega o transmite.
  1. Es en función de dicha correspondencia que se ha buscado una respuesta desde el campo de la formación profesional, toda vez que el fenómeno del desempleo se extiende asumiendo no sólo una magnitud mayor sino también características estructurales y permanentes. Sin embargo, esta búsqueda olvida con frecuencia que la formación profesional sólo puede de forma directa ocuparse de adecuar sus contenidos y métodos a la realidad productiva, tecnológica y laboral, pero en ningún caso ser una fuente genuina de generación de empleos.
  1. En materia de desempleo es frecuente la realización de análisis que procuran una desagregación de sus causas. Dichos análisis arriban por lo general a la determinación de que el desempleo se debe mayoritariamente a causas de orden estructural, vale decir, referidas a la escasa capacidad de generar empleos de la economía en su conjunto por factores tales como: la falta de inversión (pública o privada), los problemas en materia de competitividad de las empresas y sectores económicos, la reconversión y actualización tecnológica, entre otros. Las otras dos causas que usualmente se refieren para explicar parte del desempleo radican, bien en la inexistencia o ineficacia de los canales de comunicación e información que permiten la articulación entre oferta y demanda de empleo, bien en el desajuste entre la estructura de competencias requeridas por las empresas y el mercado de trabajo en general y las competencias ofrecidas por los sistemas de educación y de formación profesional en particular.
  1. Al ser las dos causas mencionadas en último lugar las que explican una parte del desempleo, es claro que las acciones que a su solución puedan encaminarse no podrán dar cuenta del problema globalmente considerado. Sin embargo, el hecho de que dichas acciones tengan un papel potencialmente secundario no ha de llevar a la conclusión de su necesaria futilidad. Por el contrario, y aunque los efectos puedan ser limitados, la acción en tales campos es imprescindible. Y para reforzar este concepto, vale la consideración de que es justamente aquí donde los aportes tanto de la formación como de la orientación profesional pueden ser más efectivos y visibles.
  1. La necesidad de una adecuada articulación entre los servicios de formación y orientación profesional aparecía ya claramente manifestada en el Convenio 142 sobre la Orientación Profesional y la Formación Profesional en el Desarrollo de los Recursos Humanos, de 1975. Allí se establece en el Artículo 1, punto 1, que "Todo miembro deberá adoptar y llevar a la práctica políticas y programas completos y coordinados en el campo de la orientación y formación profesionales, estableciendo una estrecha relación entre este campo y el empleo, en particular mediante los servicios públicos de empleo". Esta línea conceptual ha sido retomada más recientemente a través de la Resolución sobre el Desarrollo de Recursos Humanos adoptada durante la 88° reunión de la Conferencia Internacional del Trabajo, en junio de 2000; allí se expresa que "Además de la educación y la formación, los servicios de orientación profesional y de colocación (servicios de desarrollo de la carrera) que abarquen la educación y el asesoramiento en materia de carrera, asesoramiento para el empleo e información sobre educación, formación y mercado de trabajo, son medidas todas que desempeñan un papel esencial en el desarrollo de recursos humanos" (punto 8, segundo párrafo).
  1. En sintonía con lo anterior, pero basados fundamentalmente en el diagnóstico de sus propias situaciones, la gran mayoría de los países de la región han desarrollado estrategias de articulación entre los servicios de formación y de orientación profesional y colocación.
  1. Por otra parte, la búsqueda de una adecuada correspondencia entre la estructura de competencias ofrecida y los requerimientos actuales o emergentes de las empresas y el mercado de trabajo en general, es probablemente uno de los desarrollos más sistemáticos y vertebrales de la formación profesional en América Latina y el Caribe. Se trata de una labor que, por un lado, hace referencia a los perfiles demandados pero también, y por otra parte, a las nuevas exigencias en materia de actualización tecnológica, de enfoques aplicados a la organización y gestión de la producción y el trabajo, y a la conformación de públicos más amplios y heterogéneos que demandan servicios de formación profesional.
  1. Tales esfuerzos se vienen desarrollando tanto desde el ámbito de las instituciones de formación profesional, como de los Ministerios de Trabajo y de Educación; apuntan fundamentalmente al mejoramiento de lo que en estos tiempos se conoce como "empleabilidad". La empleabilidad posee, obviamente, un nexo tanto conceptual como práctico con el empleo. Ella abarca las calificaciones, conocimientos y las competencias que aumentan la capacidad de los trabajadores para conseguir y conservar un empleo, mejorar su trabajo y adaptarse al cambio, elegir otro empleo cuando lo deseen o pierdan el que tenían e integrarse más fácilmente en el mercado de trabajo en diferentes períodos de su vida. Esto implica que, por un lado, la inversión en la mejora de la empleabilidad de las personas puede incidir positivamente en la reducción de aquel tipo de desempleo que se debe a la falta de personal debidamente calificado para oportunidades de empleo ya existentes. Pero también puede tener un efecto deseable en otro sentido, ya que si las condiciones de acceso a las oportunidades de formación son equitativas y, por tanto, también lo es el acceso al logro de mejores niveles de empleabilidad, es posible adelantar que tenderán a ser análogamente equitativas las oportunidades de acceso al empleo, aún en contextos de estancamiento o retracción de éste último.
  1. Dentro de lo que es el crítico panorama que manifiestan las altas tasas de desempleo que afectan a un gran número de trabajadores de la mayoría de los países de la región, existe un problema especialmente grave, cual es el del desempleo de larga duración. El desempleo que se prolonga por períodos superiores a un año acarrea a las personas que lo sufren consecuencias que van más allá de la falta de un ingreso regular. Tales trabajadores y trabajadoras ven en esa forma no sólo minada la actualización de sus conocimientos, sino también sus vínculos o, como ha dado en llamarse, su "capital social", lo que acaba reforzando su exclusión del mercado de trabajo. Desde este punto de vista, la formación profesional puede ser una herramienta que contribuya a contrarrestar, al menos parcialmente, los efectos nocivos del desempleo de larga duración, al permitir una mayor rotación en el empleo y evitar los riesgos de desactualización que se derivan de tales situaciones.
  1. De lo dicho resulta entonces que la formación profesional no es una condición suficiente para acometer el problema del desempleo, aunque sí es absolutamente necesaria. En términos generales, la formación profesional constituye una de las herramientas que, combinada con otras, puede contribuir a establecer una plataforma para abordar la problemática del empleo.
  1. ¿Por qué poner el énfasis en la empleabilidad y qué quiere decir formar para la empleabilidad en el actual contexto? Se fundamenta en una doble convicción: por un lado, en que, tal como ya se señalara, el empleo en el actual contexto ya no se genera masivamente y necesita ser creado mediante capacidad de emprendimiento y estrategias de cooperación. Su conservación requiere de una aptitud de adaptación y aprendizaje constante para poder enfrentar los cambios en los contenidos y en las modalidades de hacer las cosas; de ahí la priorización de la empleabilidad. Por otro, en el hecho de que la empleabilidad tiene también relación con procesos que ocurren en distintos niveles: estructurales, normativos, culturales; por ejemplo, los paradigmas productivos, organizacionales y de relaciones de género inciden en la demanda de trabajo y la posición socio-educativa de las personas haciendo que algunos colectivos sociales tengan mayores dificultades para insertarse y desarrollarse laboralmente.
  2. Una mención especial merece el impacto que las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC) están produciendo en las estrategias de competitividad y productividad de los países, regiones, sectores y empresas y sus implicancias para la empleabilidad de las personas. Dichas tecnologías poseen un marcado efecto sobre los costos de producción, posibilitando la coexistencia de altos niveles de crecimiento con baja inflación. Paulatinamente comienza a percibirse que los mercados electrónicos pueden ser más transparentes que los tradicionales, con menores costos de transacción y con el resultado de cambios sustanciales en las relaciones de precios establecidas. Al respecto, existen evidencias en el sentido de que los mercados electrónicos pueden resultar un 15% o más baratos para los consumidores. En consecuencia, el sector de las TIC es el que registra el más rápido crecimiento en los países industrializados. La "brecha digital" entre estos países y los de otras regiones como América Latina y el Caribe, se constituye en un desafío de primer orden en función de sus consecuencias en materia de competitividad y productividad, desafío que se traslada en toda su magnitud a las instituciones, sistemas y políticas de formación profesional. En éste último plano las TIC vienen planteando exigencias no solo en términos de los contenidos formativos, sino también de las propias modalidades y metodologías de enseñanza-aprendizaje. Resulta un imperativo el dotar a los trabajadores y trabajadoras de los conocimientos y herramientas necesarias para el dominio y aprovechamiento de dichas tecnologías, ya que cada vez más esto se transforma en un componente clave de su empleabilidad. También cabe a la formación profesional acometer el reto de que el acceso a las competencias necesarias para la utilización de la TIC sea lo más universal y equitativo posible, de modo tal que la brecha digital existente a escala global no se reproduzca y profundice en las propias sociedades nacionales. Adicionalmente, las TIC poseen una simultánea característica de fin y medio: su apropiación y dominio por los trabajadores son un objetivo en sí mismo, pero a la vez ellas ofrecen mayores e innovadoras alternativas para desarrollar una oferta de formación más flexible y cubriendo áreas geográficas y colectivos que hoy no acceden a los servicios formativos más clásicos.
  3. La empleabilidad también está relacionada con factores de carácter personal, que no son independientes de su medio. Una misma situación puede ser interpretada de distinta manera por personas de un mismo medio social y con los mismos recursos formativos; asimismo, sujetos con recursos similares pueden asumirse diferencialmente como sujetos activos o pasivos de su historia laboral y, en este sentido, el trabajo puede tener una significación diferente y ellos movilizar de manera diferente los recursos que poseen. Pensar la empleabilidad desde la formación implica priorizar sus dimensiones culturales y personales, sobre las cuales las personas pueden tener un control más directo y entender que no sólo puede ser considerada con relación al empleo sino que es una dimensión fundamental del desarrollo personal y la integración social.
  4. Por ello, formar para la empleabilidad en el actual contexto quiere decir:
  • Fortalecer las capacidades de las personas para que mejoren sus posibilidades de inserción laboral mediante el desarrollo de competencias claves que disminuyan el riesgo de la obsolescencia y permitan a hombres y mujeres permanecer activos y productivos a lo largo de su vida, no necesariamente en un mismo puesto o actividad.
  • Formar para un aprendizaje permanente y complejo que implica: aprender a aprender, aprender a ser y aprender a hacer.
  • Apoyar a las personas para que identifiquen los obstáculos internos y externos que interfieren en el logro de sus objetivos y valoren sus habilidades y saberes así como las demandas y competencias requeridas en el mundo del trabajo. Incluye la información y orientación sobre el mercado educativo y de trabajo que despliegue la diversidad de alternativas, sus exigencias y sus posibilidades, eliminando estereotipos que encasillan los trabajos como femeninos y masculinos e instrumentando para la búsqueda y/o generación de trabajo.

 

La formación profesional en las políticas activas de mercado de trabajo

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