Capítulo III Formación profesional y
promoción del empleo
Crear mayores oportunidades para las mujeres y los hombres,
con objeto de que dispongan de unos ingresos y un empleo decorosos, constituye uno de los
objetivos estratégicos de la OIT para el bienio 2002-2003. Trabajo decente; apoyo a la
política de empleo; inversión en el desarrollo de conocimientos teóricos y prácticos y
empleabilidad; y creación de empleos, son las líneas de acción a través de las cuales
se propone actuar con relación a tal objetivo. Existe claramente una ligazón directa
entre la formación profesional y la inversión en conocimientos y el desarrollo de la
empleabilidad, y resulta igualmente relevante el aporte que la formación puede realizar
en el marco de las políticas activas de mercado de trabajo y a las estrategias de
mejoramiento de la productividad y la competitividad. En este capítulo se procura
profundizar en la naturaleza de dicho aporte, tanto en el plano conceptual, como desde la
experiencia regional en este plano.
Entre los múltiples planos en los cuales la formación
profesional resulta frecuentemente llamada a desempeñar un papel, se encuentra, de modo
principal, el de las estrategias tendientes a incrementar el empleo disponible y su
calidad. Ello lleva a que, más allá de las variantes existentes en lo que se conoce como
"políticas activas de empleo", la formación profesional aparezca siempre como
un componente estratégico o, cuando menos, fundamental en éstas.
Su vínculo con tales temas es indudable y se deriva de su
misión original y principal: la de preparar a las personas para el mundo del trabajo. Es
en función de dicha misión que la formación profesional apunta a desarrollar
capacidades para insertarse eficazmente en organizaciones productivas, sean éstas de
bienes o de servicios. Se establece así una correspondencia, al menos teórica, entre lo
que el trabajo demanda en términos de conocimientos, habilidades y destrezas y los que la
formación profesional entrega o transmite.
Es en función de dicha correspondencia que se ha buscado
una respuesta desde el campo de la formación profesional, toda vez que el fenómeno del
desempleo se extiende asumiendo no sólo una magnitud mayor sino también características
estructurales y permanentes. Sin embargo, esta búsqueda olvida con frecuencia que la
formación profesional sólo puede de forma directa ocuparse de adecuar sus contenidos y
métodos a la realidad productiva, tecnológica y laboral, pero en ningún caso ser una
fuente genuina de generación de empleos.
En materia de desempleo es frecuente la realización de
análisis que procuran una desagregación de sus causas. Dichos análisis arriban por lo
general a la determinación de que el desempleo se debe mayoritariamente a causas de orden
estructural, vale decir, referidas a la escasa capacidad de generar empleos de la
economía en su conjunto por factores tales como: la falta de inversión (pública o
privada), los problemas en materia de competitividad de las empresas y sectores
económicos, la reconversión y actualización tecnológica, entre otros. Las otras dos
causas que usualmente se refieren para explicar parte del desempleo radican, bien en la
inexistencia o ineficacia de los canales de comunicación e información que permiten la
articulación entre oferta y demanda de empleo, bien en el desajuste entre la estructura
de competencias requeridas por las empresas y el mercado de trabajo en general y las
competencias ofrecidas por los sistemas de educación y de formación profesional en
particular.
Al ser las dos causas mencionadas en último lugar las que
explican una parte del desempleo, es claro que las acciones que a su solución puedan
encaminarse no podrán dar cuenta del problema globalmente considerado. Sin embargo, el
hecho de que dichas acciones tengan un papel potencialmente secundario no ha de llevar a
la conclusión de su necesaria futilidad. Por el contrario, y aunque los efectos puedan
ser limitados, la acción en tales campos es imprescindible. Y para reforzar este
concepto, vale la consideración de que es justamente aquí donde los aportes tanto de la
formación como de la orientación profesional pueden ser más efectivos y visibles.
La necesidad de una adecuada articulación entre los
servicios de formación y orientación profesional aparecía ya claramente manifestada en
el Convenio 142 sobre la Orientación Profesional y la Formación Profesional en el
Desarrollo de los Recursos Humanos, de 1975. Allí se establece en el Artículo 1, punto
1, que "Todo miembro deberá adoptar y llevar a la práctica políticas y
programas completos y coordinados en el campo de la orientación y formación
profesionales, estableciendo una estrecha relación entre este campo y el empleo, en
particular mediante los servicios públicos de empleo". Esta línea conceptual ha
sido retomada más recientemente a través de la Resolución sobre el Desarrollo de
Recursos Humanos adoptada durante la 88° reunión de la Conferencia Internacional
del Trabajo, en junio de 2000; allí se expresa que "Además de la educación
y la formación, los servicios de orientación profesional y de colocación (servicios de
desarrollo de la carrera) que abarquen la educación y el asesoramiento en materia de
carrera, asesoramiento para el empleo e información sobre educación, formación y
mercado de trabajo, son medidas todas que desempeñan un papel esencial en el desarrollo
de recursos humanos" (punto 8, segundo párrafo).
En sintonía con lo anterior, pero basados fundamentalmente
en el diagnóstico de sus propias situaciones, la gran mayoría de los países de la
región han desarrollado estrategias de articulación entre los servicios de formación y
de orientación profesional y colocación.
Por otra parte, la búsqueda de una adecuada correspondencia
entre la estructura de competencias ofrecida y los requerimientos actuales o emergentes de
las empresas y el mercado de trabajo en general, es probablemente uno de los desarrollos
más sistemáticos y vertebrales de la formación profesional en América Latina y el
Caribe. Se trata de una labor que, por un lado, hace referencia a los perfiles demandados
pero también, y por otra parte, a las nuevas exigencias en materia de actualización
tecnológica, de enfoques aplicados a la organización y gestión de la producción y el
trabajo, y a la conformación de públicos más amplios y heterogéneos que demandan
servicios de formación profesional.
Tales esfuerzos se vienen desarrollando tanto desde el
ámbito de las instituciones de formación profesional, como de los Ministerios de Trabajo
y de Educación; apuntan fundamentalmente al mejoramiento de lo que en estos tiempos se
conoce como "empleabilidad". La empleabilidad posee, obviamente, un nexo tanto
conceptual como práctico con el empleo. Ella abarca las calificaciones, conocimientos
y las competencias que aumentan la capacidad de los trabajadores para conseguir y
conservar un empleo, mejorar su trabajo y adaptarse al cambio, elegir otro empleo cuando
lo deseen o pierdan el que tenían e integrarse más fácilmente en el mercado de trabajo
en diferentes períodos de su vida. Esto implica que, por un lado, la inversión en la
mejora de la empleabilidad de las personas puede incidir positivamente en la reducción de
aquel tipo de desempleo que se debe a la falta de personal debidamente calificado para
oportunidades de empleo ya existentes. Pero también puede tener un efecto deseable en
otro sentido, ya que si las condiciones de acceso a las oportunidades de formación son
equitativas y, por tanto, también lo es el acceso al logro de mejores niveles de
empleabilidad, es posible adelantar que tenderán a ser análogamente equitativas las
oportunidades de acceso al empleo, aún en contextos de estancamiento o retracción de
éste último.
Dentro de lo que es el crítico panorama que manifiestan las
altas tasas de desempleo que afectan a un gran número de trabajadores de la mayoría de
los países de la región, existe un problema especialmente grave, cual es el del
desempleo de larga duración. El desempleo que se prolonga por períodos superiores a un
año acarrea a las personas que lo sufren consecuencias que van más allá de la falta de
un ingreso regular. Tales trabajadores y trabajadoras ven en esa forma no sólo minada la
actualización de sus conocimientos, sino también sus vínculos o, como ha dado en
llamarse, su "capital social", lo que acaba reforzando su exclusión del mercado
de trabajo. Desde este punto de vista, la formación profesional puede ser una herramienta
que contribuya a contrarrestar, al menos parcialmente, los efectos nocivos del desempleo
de larga duración, al permitir una mayor rotación en el empleo y evitar los riesgos de
desactualización que se derivan de tales situaciones.
De lo dicho resulta entonces que la formación profesional
no es una condición suficiente para acometer el problema del desempleo, aunque sí es
absolutamente necesaria. En términos generales, la formación profesional constituye una
de las herramientas que, combinada con otras, puede contribuir a establecer una plataforma
para abordar la problemática del empleo.
¿Por qué poner el énfasis en la empleabilidad y qué
quiere decir formar para la empleabilidad en el actual contexto? Se fundamenta en una
doble convicción: por un lado, en que, tal como ya se señalara, el empleo en el actual
contexto ya no se genera masivamente y necesita ser creado mediante capacidad de
emprendimiento y estrategias de cooperación. Su conservación requiere de una aptitud de
adaptación y aprendizaje constante para poder enfrentar los cambios en los contenidos y
en las modalidades de hacer las cosas; de ahí la priorización de la empleabilidad. Por
otro, en el hecho de que la empleabilidad tiene también relación con procesos que
ocurren en distintos niveles: estructurales, normativos, culturales; por ejemplo, los
paradigmas productivos, organizacionales y de relaciones de género inciden en la demanda
de trabajo y la posición socio-educativa de las personas haciendo que algunos colectivos
sociales tengan mayores dificultades para insertarse y desarrollarse laboralmente.
Una mención especial merece el impacto que las nuevas
tecnologías de la información y la comunicación (TIC) están produciendo en las
estrategias de competitividad y productividad de los países, regiones, sectores y
empresas y sus implicancias para la empleabilidad de las personas. Dichas tecnologías
poseen un marcado efecto sobre los costos de producción, posibilitando la coexistencia de
altos niveles de crecimiento con baja inflación. Paulatinamente comienza a percibirse que
los mercados electrónicos pueden ser más transparentes que los tradicionales, con
menores costos de transacción y con el resultado de cambios sustanciales en las
relaciones de precios establecidas. Al respecto, existen evidencias en el sentido de que
los mercados electrónicos pueden resultar un 15% o más baratos para los consumidores. En
consecuencia, el sector de las TIC es el que registra el más rápido crecimiento en los
países industrializados. La "brecha digital" entre estos países y los de otras
regiones como América Latina y el Caribe, se constituye en un desafío de primer orden en
función de sus consecuencias en materia de competitividad y productividad, desafío que
se traslada en toda su magnitud a las instituciones, sistemas y políticas de formación
profesional. En éste último plano las TIC vienen planteando exigencias no solo en
términos de los contenidos formativos, sino también de las propias modalidades y
metodologías de enseñanza-aprendizaje. Resulta un imperativo el dotar a los trabajadores
y trabajadoras de los conocimientos y herramientas necesarias para el dominio y
aprovechamiento de dichas tecnologías, ya que cada vez más esto se transforma en un
componente clave de su empleabilidad. También cabe a la formación profesional acometer
el reto de que el acceso a las competencias necesarias para la utilización de la TIC sea
lo más universal y equitativo posible, de modo tal que la brecha digital existente a
escala global no se reproduzca y profundice en las propias sociedades nacionales.
Adicionalmente, las TIC poseen una simultánea característica de fin y medio: su
apropiación y dominio por los trabajadores son un objetivo en sí mismo, pero a la vez
ellas ofrecen mayores e innovadoras alternativas para desarrollar una oferta de formación
más flexible y cubriendo áreas geográficas y colectivos que hoy no acceden a los
servicios formativos más clásicos.
La empleabilidad también está relacionada con factores de
carácter personal, que no son independientes de su medio. Una misma situación puede ser
interpretada de distinta manera por personas de un mismo medio social y con los mismos
recursos formativos; asimismo, sujetos con recursos similares pueden asumirse
diferencialmente como sujetos activos o pasivos de su historia laboral y, en este sentido,
el trabajo puede tener una significación diferente y ellos movilizar de manera diferente
los recursos que poseen. Pensar la empleabilidad desde la formación implica priorizar sus
dimensiones culturales y personales, sobre las cuales las personas pueden tener un control
más directo y entender que no sólo puede ser considerada con relación al empleo sino
que es una dimensión fundamental del desarrollo personal y la integración social.
Por ello, formar para la empleabilidad en el actual contexto
quiere decir:
Fortalecer las capacidades de las personas para que mejoren
sus posibilidades de inserción laboral mediante el desarrollo de competencias claves que
disminuyan el riesgo de la obsolescencia y permitan a hombres y mujeres permanecer activos
y productivos a lo largo de su vida, no necesariamente en un mismo puesto o actividad.
Formar para un aprendizaje permanente y complejo que
implica: aprender a aprender, aprender a ser y aprender a hacer.
Apoyar a las personas para que identifiquen los obstáculos
internos y externos que interfieren en el logro de sus objetivos y valoren sus habilidades
y saberes así como las demandas y competencias requeridas en el mundo del trabajo.
Incluye la información y orientación sobre el mercado educativo y de trabajo que
despliegue la diversidad de alternativas, sus exigencias y sus posibilidades, eliminando
estereotipos que encasillan los trabajos como femeninos y masculinos e instrumentando para
la búsqueda y/o generación de trabajo.