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Formación para el trabajo decente

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Fecha de actualización:
24/02
/2010

 


Documento de Referencia 1: Cinterfor/OIT

FORMACIÓN PARA EL TRABAJO DECENTE

Conclusiones

     

  1. El de trabajo decente es un concepto de profundo contenido ético y que tiende a resaltar la importancia de los derechos del trabajador y de la calidad de las condiciones de trabajo. El trabajo decente no puede ser sino el trabajo en cantidad y calidad suficientes, apropiadas, dignas y justas, lo que incluye el respeto de los derechos, ingresos y condiciones de trabajo satisfactorias, protección social y un contexto de libertad sindical y diálogo social.
  2. Por su parte, si la formación es uno de los derechos humanos y además constituye un requisito fundamental para el acceso al empleo de calidad, circunstancia ésta que se acrecienta en un contexto de mundialización, regionalización, tecnologización y de advenimiento de la denominada sociedad del conocimiento, aquella deber ser, necesariamente, parte esencial del trabajo decente.

    Así, hoy en día no hay trabajo decente posible sin formación adecuada. Y del mismo modo que ésta es condición y componente de aquél, un trabajo decente es también, un ámbito en el cual se desarrolla la formación continua, la actualización y la recalificación

  3. Esa dinámica de formación y trabajo decente tiene una dimensión especial que no ha sido desarrollada específicamente en este documento, pero que sí ha sido abordada en algunos pasajes del mismos y que debe ser señalada. Es la recién referida de la mundialización y la regionalización(59). La Resolución de la Conferencia Internacional del Trabajo de 2000 sobre Desarrollo de los Recursos Humanos lo indica también en su párrafo 2, al establecer que "se reconoce cada vez más que la mundialización presenta una dimensión social que requiere una respuesta social" y que "la educación y la formación son componentes de una respuesta económica y social a la mundialización".
  4. Así es que, por ejemplo, tanto en la Unión Europea como en el Mercosur, cada uno en su medida y a su manera, el tema de la formación ha sido y continúa siendo encarado como esencial.(60)

    Cabría todavía alertar respecto del hecho siguiente. Si no hay trabajo suficiente y decente en todo el mundo, los países más desarrollados verán crecer indefinidamente sus problemas de inmigración no deseada. Y ello sin entrar a considerar la cuestión teórica de que la globalización de la economía debería suponer la de la fuerza de trabajo.

  5. Aceptado que la formación profesional forma parte de la noción de trabajo decente, que es condición para el alcance del objetivo del trabajo decente y que además ésta supone acceso a la capacitación, se impone la conclusión metodológica de que es necesario incorporar a los medidores del trabajo decente algunos que correspondan a la formación.
  6. Así, sería necesario medir índices de alfabetización, de escolaridad y de formación profesional inicial. También habría que medir la frecuencia y extensión de la formación continua y de los programas específicos de formación para colectivos tales como desocupados, mujeres, jóvenes, etc. También sería recomendable cuantificar el grado en que la negociación colectiva regula la formación y el nivel de participación de los actores sociales en su gestión.

  7. La formación profesional tiene un destacado papel a cumplir con relación al objetivo estratégico de la OIT de crear mayores oportunidades para las mujeres y los hombres, con objeto de que dispongan de unos ingresos y un empleo decorosos. A través de su articulación con los sistemas de información y orientación profesional ella puede contribuir a reducir aquel desempleo a través de una más eficaz comunicación entre oferta y demanda de trabajo. Mediante su actualización sistemática en términos tecnológicos, de sus metodologías de intervención y de sus contenidos la formación profesional aporta a reducir la brecha existente entre la estructura de competencias demanda por el mercado de trabajo y la ofrecida por las instituciones y sistemas de formación. Si bien la formación profesional no constituye por sí sola una fuente directa de generación de empleo –salvo aquel que se deriva de los puestos necesarios para su operación-, sí cumple un función central dentro de las estrategias de incremento de la productividad y de mejora de la competitividad en términos sistémicos. De ahí que aunque pueda considerarse a la formación profesional como una condición no suficiente, sí resulta absolutamente necesaria para incrementar la condiciones de competitividad de empresas, sectores productivos y economías nacionales, regionales o locales, ayudando así a crear mejores condiciones para la generación de empleo. La formación profesional es además la herramienta principal para la mejora de la empleabilidad de las trabajadoras y trabajadores. Y si bien esto conlleva una responsabilidad para estos últimos en términos, lo es también y de forma principal para el conjunto de la sociedad y sus diversos actores. Es en este sentido que los países de América Latina y el Caribe viene desarrollando importantes avances en el sentido de configurar sistemas de formación y educación permanentes, que den cuenta no sólo de las características heterogéneas de la demanda de calificación, sino también de los cambios a que a lo largo de la vida de las personas acontecen en sus requerimientos formativos.
  8. El objetivo estratégico de la OIT de realzar el alcance y la eficacia de la protección social para todos encuentra también en la formación profesional una herramienta fundamental para su concreción. Independientemente de los esfuerzos que puedan realizarse en aras de mejorar la cobertura y la eficacia de los sistemas de seguridad social, es cada vez más claro que la existencia de oportunidades equitativamente distribuidas de acceso a la formación ha de formar parte imprescindible del menú de políticas de protección social en la actualidad. Actuar en el sentido de una mayor igualdad de oportunidades lleva necesariamente a estrategias de formación diseñadas e implementadas específicamente para contrarrestar la situaciones de inequidad y vulnerabilidad que sufren determinados colectivos como los trabajadores desempleados, los trabajadores activos que enfrentan procesos de reconversión tecnológica o que están insertos en contextos laborales precarios, los jóvenes y las mujeres.
  9. En todo caso, y volviendo a lo conceptual, es claro que en el marco actual en el cual educación y trabajo tienden a coincidir cada vez más,61 "la educación y la formación son la piedra angular de un trabajo decente.62
  10. La formación profesional es un campo particularmente fértil para el desarrollo y fortalecimiento del diálogo social. En comparación con otros temas tradicionalmente más conflictivos, el acercamiento de los diversos intereses y posiciones resulta más factible, en función de su aporte a objetivos tales como el mejoramiento de la productividad y la competitividad, pero también y simultáneamente a la integración y la inclusión social y al desarrollo personal y profesional de los trabajadores y trabajadoras. La experiencia de América Latina y el Caribe reafirma esta afirmación, visto la aparición de distintas y múltiples experiencias de negociación, concertación y diálogo sobre formación profesional.  Esta última mantiene además importantes vínculos con otros temas de los sistemas de relaciones laborales, lo que por un lado la señala como un componente indiscutible de éstos y, por otro, la sitúa como un posible punto de partida para una negocación positivamente orientada entre empleadores, trabajadores y gobierno en los más diversos campos.

 

59. Como lo destaca SEN, Amartya, loc. cit., págs. 138-139
60. Véase ERMIDA URIARTE, Oscar y BARRETTO GHIONE, Hugo (coords.), Formación profesional en la integración regional, Cinterfor/OIT, Montevideo 2000.
61 Learning and working before related pursuits, OIT, Globilizing Europe..., cit, p. 1.
62  OIT, Resolución... cit. para. 3.

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