BOLETÍN
152
Competencia laboral y valoración
del aprendizaje
Montevideo: Cinterfor
Boletín Técnico Interamericano
de Formación Profesional Número 152, 2002
ESTE
NÚMERO
ÍNDICE
ESTE NÚMERO
El presente boletín lanza una mirada a una realidad
actual de esta llamada sociedad de la información y el conocimiento;
específicamente sobre la forma en que se asume y valora la adquisición
de competencias laborales.
Claramente, una mejor preparación de los trabajadores
y su pleno desarrollo son factores decisivos en la competitividad de
un país. En general los certificados, diplomas y títulos han sido las
mejores referencias tanto para los trabajadores como para los empleadores
en sus decisiones de contratación, capacitación, remuneración y promoción
dentro del mercado y en la empresa misma. La manera en que se accede
a tales reconocimientos se está analizando cada vez con más profundidad.
Enormes transformaciones están teniendo lugar: los
procesos de integración regional y tratados de libre comercio diluyen
las fronteras nacionales. El conocimiento, en esta forma de producir,
adquiere un valor inédito como factor clave en la productividad y por
ende en la competitividad.
Ante los innumerables cambios de todo orden, el reconocimiento
de las competencias se ha visto como una respuesta a la necesidad de
valorar explícitamente lo que las personas saben y pueden hacer, aún
independientemente de la forma como desarrollaron sus capacidades o
adquirieron sus conocimientos.
Muchos países han debido enfrentar la realidad de reformar
y actualizar sus arreglos institucionales para adecuar la formación
a las nuevas demandas. En este contexto, se ha identificado claramente
la experiencia laboral como fuente de competencia y la necesidad de
llegar a mecanismos claros de reconocimiento que faciliten la movilidad
de los trabajadores y su acceso a las ofertas formativas en una trayectoria
que compromete toda la vida.
Crecientemente se identifica a la educación y la formación
como forjadoras de ciudadanos capaces, no solamente de trabajar; sino
también de relacionarse efectivamente y participar en la vida social
y familiar. Los caminos que acercan estos dos mundos, el de la educación
y el del trabajo, tienden a fusionarse bajo la filosofía de la formación
a lo largo de la vida. En ello la valoración de las competencias tiene
y tendrá mucho que ver.
Adicionalmente, la elevación de los niveles de calificación
en muchas de las ocupaciones así como la intensificación en la demanda
por empleos muchas veces escasos, están colocando en un plano central
la necesidad de reconocer y valorar las competencias, independientemente
de cómo se adquieran y también bajo las diferentes modalidades de formación.
Es por ello que este boletín trae varios artículos sobre las discusiones
conceptuales y experiencias nacionales en relación a la forma en que
se reconocen las competencias en lo que se denomina muchas veces el
proceso de certificación.
Al efecto el presente boletín se ha estructurado en
dos partes; la primera se ha llamado de «Conceptualización» e incluye
diferentes trabajos en los que se reflexiona sobre los orígenes, características
y desafíos de la certificación y sus procesos relacionados. La segunda,
pretende presentar una muestra de enfoques y experiencias nacionales,
frutos todos de los incesantes trabajos y actividades que se desarrollan
actualmente a lo largo y ancho de la región.
Abre el análisis un artículo de João Carlos Alexim,
quien luego de presentar una breve reseña del tema, se aboca a la construcción
ideal de un modelo de certificación profesional, donde describe las
metodologías, la institucionalización y los componentes de la certificación,
su papel frente al mundo del trabajo, la adecuación a la nueva economía
y el reconocimiento de los saberes adquiridos por las personas a lo
largo de toda la vida. Y ya en el párrafo final alerta sobre aquellos
que parecen preferir la iniciativa espontánea y sectorial de los agentes
económicos, que podría redundar en exclusión e inequidad sociales.
En Políticas de certificación de competencias para
América Latina, Daniel Hernández, se concentra en aquellas
causas que mueven a los diferentes actores a interesarse en el tema,
y que no son iguales para todos ellos, a la vez que exigen diferentes
tipos de respuesta. La certificación no puede transplantarse de un país
a otro, dado que no es solo un acontecer económico y educativo, sino
que va mucho más allá: responde a cómo las sociedades, el trabajo y
las personas se perciben a sí mismas y se comunican entre sí.
Raimundo Vossio Brígido analiza las diferentes
vertientes que dieron origen al tema de la normalización y certificación
de competencias, representados por el modelo toyotista japonés y la
fábrica de Volvo en Suecia, la crisis en los sistemas de formación profesional
que ya no debieron formar para el prescriptivo trabajo fordista taylorista,
sino para permitir a las personas ser capaces, competentes y competitivas
en una realidad de vertiginosos cambios, a la vez que proveer a la sociedad
de las personas adecuadas para hacer frente a ellos.
Una tipología de los distintos sistemas de certificación de competencias
es el tema del artículo escrito por María Irigoin y Fernando Vargas.
Los autores abstraen de las diferentes experiencias existentes aquellos
conceptos más generales, con el fin de construir un modelo abstracto
sobre los procesos, perfiles, niveles y componentes técnicos que debe
poseer un sistema nacional de certificación, evitando mistificaciones
y trasliteraciones arbitrarias que no responden a la necesidad, sino
a casos individuales con tradiciones características.
En Evaluar la experiencia adquirida, Edith
Kirsch plantea que toda evaluación tiene una parte aleatoria y ello
representa una paradoja para la certificación de competencias: evaluar
con normas generales los conocimientos informales nacidos de experiencias
necesariamente singulares. Un certificado, dice, es, ante todo, una
convención consensuada entre varios actores sociales.
Certificación y legibilidad de la competencia,
un extenso documento realizado por un grupo de investigadores del Centro
Europeo de Formación Profesional (CEDEFOP), constituye, por su profundidad,
una pieza central en esta parte de la reflexión sobre la certificación
y normalización de competencias. Los autores analizan la historia de
la certificación en cinco estados europeos, como forma de ir remontando
las particularidades nacionales y desbrozando el camino hacia la esencia
del tema. Demuestran los estrechos lazos que unen al mundo de la producción
y los arreglos formativos, pero también el rol fundamental que jugaron
los estados a la hora de construir sistemas educativos coherentes y
adecuados a sus necesidades inmediatas.
Abre la segunda parte de este Boletín, que se centra
en distintas experiencias concretas de construcción de sistemas nacionales
de normalización y certificación de competencias, Francisca María
Arbizu Echavarri, directora del Instituto Nacional de las Cualificaciones
de España. Recientemente, fue aprobado en ese país el marco legal
orgánico que permitirá vincular los sistemas formales de formación profesional,
con los aprendizajes reconocidos, evaluados y certificados de las personas,
de modo de favorecer el paso de ellas de uno a otro sistema, con el
objeto de mejorar su empleabilidad, favorecer la formación permanente,
volver a la economía más competitiva y facilitar la movilidad de los
trabajadores en el interior de la Unión Europea, de acuerdo a las necesidades
económicas y demográficas de la región.
Continúa con el documento emitido por el Ministerio
de Trabajo y Previsión Social de Perú. En el caso peruano, el estado
está buscando movilizar una realidad heterogénea. Si bien las empresas
modernas necesitan que se desarrolle un sistema de competencias profesionales,
evaluadas y acreditadas correctamente, la realidad obliga a tener en
cuenta otros aspectos y arreglos formativos que se dirijan a los sectores
informales y marginales de la economía, lo que replantea la existencia
de sistemas de formación mixtos, que reflejan las diferentes realidades
económicas al interior de una nación que busca reconstruir espacios
de concertación entre los diferentes actores sociales, luego de la interrupción
de la vida democrática de aquel país.
El tercer documento, es el resumen de resultados del Proyecto de
Certificación de Competencias Laborales y Calidad de la Capacitación
en Chile. En este caso, se trata de una economía, en crecimiento
y expansión. Financiado por un préstamo de organismos internacionales,
el Proyecto se concentra en algunas áreas económicas de punta o importancia
para la vida económica de la nación y está dirigido por la Fundación
Chile. Su objetivo apunta a construir un sistema dentro de esas áreas
y luego de demostrar su eficacia y viabilidad, extenderlo al resto del
país en un futuro cercano.
El artículo que sigue es una declaración de asociaciones
sindicales y de empresas, tanto públicas como privadas, de Europa, que
tiene como objetivo el desarrollo de un Marco para la formación a
lo largo de toda la vida que desarrolle las competencias y calificaciones
y coordine los esfuerzos dispersos en este campo en la Unión Europea.
A continuación se transcribe la intervención del Sr.
G. Gamerdinger en ocasión del seminario interamericano tripartito
sobre formación profesional, productividad y trabajo decente, llevado
a cabo en Rio de Janeiro, entre el 15 y 17 de mayo de este año. Se trata
aquí de la experiencia en este campo en el área del Caribe de habla
inglesa y holandesa, que reúne a muchas naciones heterogéneas pero
con un desafío común: responder a la necesidad de desarrollar sus recursos
humanos para hacer frente a la declinación de la producción agrícola
y el turismo y a la emigración de sus trabajadores calificados.
Cierra este boletín el artículo de Francisco Cordão,
que recoge su intervención en el Seminario Nacional sobre Certificación
Profesional llevado a cabo en la sede de la OIT en Brasilia en Abril
del 2002, y que contiene una serie de reflexiones sobre el tema muy
ilustrativas de la experiencia brasileña.
Las formas en que la sociedad reconoce y valora las competencias, creemos,
debe representar no solo las necesidades de los sectores de punta, y
acreditar la calidad de las personas. Va más allá: debe ser también
una herramienta democratizadora, que dé cuenta de lo que las personas
han aprendido a lo largo de sus vidas, reconocer su conocimiento y ayudar
a su transición de sectores atrasados e informales de la economía, hacia
aquellas áreas más modernas y competitivas, no solo con un fin económico,
sino como una de las tantas maneras de volver decente el trabajo de
las personas.
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