Hopenhayn, M. (Coord.)
La juventud en Iberoamérica: tendencias y urgencias. Santiago
de Chile : Organización Iberoamericana de Juventud/CEPAL, 2004.
403 p.
La vida moderna coloca a los jóvenes en el proceso de preparación
para entrar en el sistema productivo e independizarse de sus familias
de origen. La juventud se transforma en objeto de discusión y
análisis cuando los canales de tránsito de la educación
al empleo, de la dependencia a la autonomía o de valores heredados
a valores recreados se vuelven problemáticos y difusos. Conflictividad
o apatía política, deserción escolar, postergación
de la procreación, desempleo masivo, crisis normativa o conductas
de riesgo pasan a ser parte del lenguaje que la sociedad usa para referirse
a los problemas de la juventud.
Desde la perspectiva de los jóvenes, la construcción
de la identidad es una fuente cada vez mayor de tensión entre
anhelos de integración y de individuación. Paradójicamente,
la modernidad asigna a la juventud la doble tarea de prepararse para
la inserción social productiva y definir sus propios proyectos
con plena autonomía. El problema mayor es que la identidad comprende
simultáneamente el anhelo de inclusión social y la pregunta
por el sentido de esa misma inclusión. Además, la juventud
se ve tensada por contradicciones que agudizan sus conflictos con el
mundo adulto: más educación y menos acceso al empleo,
más información y menos acceso a instancias de poder,
mayor autonomía moral y menores opciones de autonomía
material, entre otras. Los jóvenes todavía no constituyen
un sujeto específico de derecho, están estigmatizados
como potenciales disruptores dentro del orden social, ostentan una baja
participación electoral y la consiguiente desmotivación
para involucrarse en el sistema político, y su autonomía
económica se posterga a medida que el mercado de trabajo demanda
mayores años de formación previa.
El objeto del presente estudio es brindar un diagnóstico
pormenorizado, basado en información estadística, que
permita dar cuenta de una amplia gama de cambios que viven los jóvenes
iberoamericanos en distintos ámbitos. Se busca sobre todo mostrar
la evolución de un nutrido conjunto de indicadores, comparando
la situación juvenil a comienzos de la década de 1990
del siglo pasado con la que experimentan los jóvenes a principios
de la década actual, y se complementa el análisis cuantitativo
con observaciones cualitativas.
En el capítulo I se describe la dinámica
sociodemográfica de la población juvenil iberoamericana
y se observa que el reciente descenso de la fecundidad y el aumento
de la expectativa de vida se traduce en un descenso de la proporción
de jóvenes en el total poblacional.
El capítulo II trata sobre las familias y los hogares
en que viven los jóvenes. En América Latina, nuevos tipos
de familia coexisten con las formas tradicionales, lo que ayuda a comprender
la falta de concordancia entre los discursos y las nuevas formas y prácticas
de las familias. Por otro lado, las mayores dificultades para pasar
del ámbito educativo al laboral, así como la demanda de
mayor formación impuesta por la creciente competitividad en el
empleo, tienden a retrasar la edad en que los jóvenes se autonomizan
tanto económica como habitacionalmente respecto de sus padres.
El capítulo III aborda la situación de la
pobreza juvenil. Las encuestas de hogares de los 18 países latinoamericanos
analizados muestran que la pobreza alcanza al 41 % de los jóvenes
en 2002, equivalente a aproximadamente 58 millones (21 millones 200
mil de pobres extremos).
El capítulo IV se ocupa de la situación
de salud de los jóvenes, con énfasis en su especificidad
según causas prevalentes de mortalidad y en problemas vinculados
con la sexualidad juvenil.
El capítulo V examina la situación educativa
de los jóvenes. La mayoría de los países iberoamericanos
enfrenta un problema grave de deserción escolar antes de y durante
la educación secundaria. En América Latina y el Caribe
solo la mitad de los estudiantes que se matriculan en la educación
primaria terminan dicho ciclo. Esto afecta específicamente a
los jóvenes, pues la continuidad en el nivel secundario coincide
con el ingreso al segmento etario juvenil.
El capítulo VI examina la situación del
empleo juvenil. En los análisis de la inserción laboral
de los jóvenes, resalta el alto nivel del desempleo y subempleo
juveniles, y la alta precariedad de quienes logran ocuparse, expresada
en inestabilidad laboral, bajas remuneraciones y escasa cobertura de
la seguridad social.
El capítulo VII trata un tema de creciente interés
en los estudios de juventud: el de los consumos culturales y las sensibilidades
juveniles. Los consumos culturales ocupan un lugar central en la organización
del tiempo libre de los jóvenes. Ver televisión, escuchar
música, leer, ir al cine, bailar, hacer deportes, "chatear,
"navegar" y operar videojuegos son las prácticas de
consumo cultural mencionadas con mayor frecuencia. La centralidad del
consumo de medios de los jóvenes está indicando a la vez
que su retiro del espacio público, que el hogar ha pasado a representar
un espacio de intenso consumo simbólico y creciente convergencia
de tecnologías de comunicación. A pesar de algunas diferencias
entre los países considerados, la tendencia es que los jóvenes
son los que más usan Internet, vale decir quienes más
se socializan en vínculos interactivos a distancia.
El capítulo VIII se ocupa de la participación
de los jóvenes y de su condición de ciudadanía,
que están cambiando, y este tránsito puede entenderse
como su paso de protagonistas del cambio político y social a
sujetos de derecho y objeto de políticas. Esta transición
está pendiente y los jóvenes se encuentran en el umbral
que separa ambos modelos: ya no se perciben como los grandes actores
del cambio político, pero todavía no se perciben como
sujetos plenos de derecho o claros beneficiarios de políticas
públicas. Esta deuda se compensa en parte por la percepción
de los jóvenes como una generación que genera nuevas sensibilidades
y produce nuevas identidades, sobre todo por medio del consumo cultural
y la comunicación en general.
El capítulo IX da cuenta de las políticas
y la institucionalidad públicas en materia de juventud, tal como
los propios gobiernos iberoamericanos definen sus agendas. Las encuestas
sobre programas nacionales de juventud identificaron las principales
preocupaciones que expresan las autoridades gubernamentales con respecto
a los jóvenes iberoamericanos. Tres son los ámbitos a
que se atribuyen mayores problemas: el desempleo y la calidad del empelo,
la educación y el acceso y riesgos asociados a la salud.
En el capítulo X se propone un conjunto de indicadores
para evaluar la evolución de la situación de los jóvenes
en los países iberoamericanos y dar seguimiento a los efectos
de las políticas públicas orientadas a mejorar su condición
y participación en la sociedad. Estos indicadores se basan en
el acopio presentado en los capítulos precedentes y reagrupan
la información susceptible de seguimiento sobre la base de criterios
integradores, que permitan mostrar de manera sistémica la evolución
de las vulnerabilidades y oportunidades de la juventud de la región.