Chile-Oceanía: miradas mutuas.
Capacitación.
Santiago de Chile, SOFOFA. n. 47, jun.-jul. 2005. p. 4-6.
Recientemente
dos comitivas chilenas fueron invitadas a conocer las potencialidades
de los sistemas de educación y capacitación a lo largo
de la vida y de certificación de competencias vigentes en Australia
y Nueva Zelanda.
En ambos países la educación ha evolucionado, consolidándose
un modelo articulado de formación continua basado en competencias,
que responde a los requerimientos de trabajo, a estándares de
calidad institucional y de competencias laborales susceptibles de ser
certificadas y reconocidas para continuar estudios, perfeccionarse o
responder a las demandas y cambios en el trabajo.
Son muchos los aspectos que llamaron la atención a las comitivas
chilenas, entre ellos, el alto grado de coordinación que existe
entre las distintas instituciones formativas, donde ni el colegio ni
el instituto ni la universidad son punto de salida del sistema educativo.
Todos sin excepción pueden acreditar y certificar competencias
sobre la base de su propia experiencia laboral, conocimientos o autoformación,
porque lo importante no es cómo ni dónde se adquieren
las competencias, sino sus resultados y evidencias en el trabajo. Asimismo,
las personas pueden reingresar al sistema cuantas veces quieran.
Por ejemplo: desde los últimos años de colegio un joven
puede comenzar a acreditar competencias; un técnico puede tomar
módulos dictados por universidades y un profesional puede enriquecer
y ampliar competencias técnicas diferentes a su título
formal en un politécnico (Nueva Zelanda).
Aquí surge uno de los desafíos que está enfrentando
el sistema chileno: lograr la articulación con el sector laboral,
entre las instituciones de formación y capacitación creando
itinerarios o caminos con programas flexibles, modulares, basados en
competencias que permitan a las personas, independiente de su edad o
estudios realizados, lograr mayor calificación profesional y
crecimiento personal o laboral. Un sistema centrado en la calidad de
los resultados, en las competencias adquiridas que incluyen los conocimientos,
las actitudes y el dominio de técnicas necesarias para determinado
desempeño social y profesional eficiente. Para eso, se necesita
redefinir currículos, establecer estándares de competencias
que sean referente para todo el sistema de formación y capacitación
con el correspondiente sistema nacional de acreditación y certificación.
Chile avanza en el sentido correcto, falta sin embargo, configurar
un referente único que articule las innumerables iniciativas
y programas de formación, educación y capacitación
en sus distintos niveles, que vincule la demanda de los sectores productivos
con una oferta pertinente que establezca las competencias y principalmente,
un sistema nacional de certificación, tanto de estas competencias
como de la calidad de los organismos de formación.
Previamente, sin embargo debe haber políticas públicas
explícitas y coherentes con estos objetivos, donde existan programas
de acción claros, como también la definición de
los roles que cada sector deba cumplir en el sistema.
Artículo completo: http://www.capacitacionsofofa.cl/revista47/Actu.htm