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Lope Peña y otros. ¿Sirve la formación
para el empleo? Esta publicación tiene, según sus autores, una doble finalidad: por un lado mostrar, a quienes ellos llaman "los optimistas" del papel de la formación profesional en el empleo, que aquella tiene efectos limitados sobre éste, y que no se solucionarían los problemas del desempleo sembrando un país de escuelas y centros de formación profesional - a menos que todos los desempleados fueran ocupados en estos centros. Por otro lado, a quienes sostienen que el sistema productivo solo requiere unos pocos trabajadores calificados - aquellos que ocuparán los puestos de dirección y mando -, les quieren mostrar que la formación profesional no es solo el conjunto de habilidades y destrezas que se requieren para ejecutar una determinada tarea, sino que es un proceso que incluye, además de los conocimientos prácticos y teóricos propios de una determinada ocupación, un conjunto de capacidades actitudinales, comportamentales y relacionales que son de suma importancia en el desempeño laboral de un trabajador y que son altamente valoradas por los empleadores. Este hecho pone también de manifiesto que la formación profesional, al igual que la educación, es un proceso que dura toda la vida y que se desarrolla en gran parte en el lugar de trabajo. La hipótesis central de los autores es que a la formación profesional se le ha asignado un papel más importante sobre el empleo del que realmente tiene. Sostienen que la formación profesional cobra importancia en los mercados de trabajo en los cuales funcionan determinados mecanismos de intermediación de mano de obra y que existen mercados de trabajo en los cuales funcionan mecanismos de reclutamiento y promoción del empleo en los cuales la formación profesional reglada tiene una menor importancia relativa. Los autores identifican cuatro sistemas de intermediación de mano de obra, dentro de cada uno de los cuales se le otorga distinto grado de importancia a la formación profesional. Estos son:
Cuando el acceso al empleo se da por esta vía, los autores señalan que la formación no necesariamente juega un papel importante. Sostienen que otro tipo de factores (confianza inspirada al momento de la entrevista de trabajo, puntualidad en el arribo a la cita, aspecto, etc.) pueden jugar un papel más relevante.
Criterios de selección y reclutamiento Las dos variables que los autores señalan como de mayor relevancia al momento de explicar los diferentes criterios existentes entre los empleadores para efectuar la selección y el reclutamiento de la mano de obra son: a) el tamaño de la empresa (para los autores una variable dicotómica que asume los valores grande y pequeña) y; sector, donde se consideran los sectores industrial y de servicios. Se comienza distinguiendo las formas de selección y reclutamiento en función del tamaño de la empresa. En este sentido se afirma que la tendencia es a encontrar que en las empresas grandes por lo general estas tareas están a cargo de un Departamento de Recursos humanos, u otra oficina administrativa, casos en los cuales los procesos suelen estar racionalizados y estandarizado en un grado muy alto, y se le suele prestar una importancia bastante grande a la formación profesional reglada. Por otro lado, en las empresas de tamaño pequeño, que por lo general no cuentan con un departamento o equipo dedicado específicamente a la selección y reclutamiento de sus recursos humanos, la decisión de a qué personas contratar suele recaer en mayor medida en la intuición y parecer del encargado de personal o del jefe de la sección para la cual se está reclutando. En estos casos la formación del trabajador tiene menor peso relativo, puesto que, además, este tipo de selección suele ser para cubrir puestos de bajas cualificaciones. A lo anterior debe agregarse que en muchas grandes empresas pueden identificarse dos momentos en los procesos de selección: una primera instancia en la cual se efectúa una pre-selección de postulantes a un puesto de trabajo y en la cual tiene una gran importancia la formación y el nivel educativo del postulante y; un segundo momento en el cual tienen mayor relevancia factores tales como la puntualidad de la persona para asistir a la entrevista de trabajo, su capacidad de comunicación oral y visual, presencia, vestimenta, etc. En cuanto a los criterios de selección en función del sector económico del cual se esté hablando, los autores señalan que en los servicios se le presta particular importancia a factores actitudinales y comportamentales, fundamentalmente en las actividades que tienen algún componente de atención al público. Esto es así sobre todo para las tareas que no incluyen componentes de coordinación, supervisión, mando o dirección sobre otros trabajadores. En estos casos suelen requerirse niveles educativos bastante elevados (de educación terciaria), no importando mucho de qué orientación se trate. En la industria los criterios de reclutamiento no parecen dotar de un valor mucho más importante a la formación profesional inicial o reglada. Se otorga mucha importancia a la "experiencia laboral anterior", lo cual hace referencia a la adquisición de costumbres de obediencia y disciplina, hábitos de puntualidad y estructuración, organización del tiempo de trabajo, y relacionamiento con los compañeros. Los autores concluyen que se valora más la "formación informal o discreta" adquirida en otras empresas, que la certificación académica, al menos para los trabajos que requieren bajos niveles de calificación. Para el caso particular de España, y eventualmente el de otros países europeos, señalan que la mejora del sistema de formación profesional y del capital formativo de la población joven parece estar induciendo a un proceso de sustitución de trabajadores con bajos niveles formativos por jóvenes con formación profesional de segundo grado. La formación en el empleo A modo de introducción al tema, se comienza subrayando la creciente importancia a lo que se ha dado en llamar "nuevas formas de gestión de recursos humanos". Nuevos modos de gestión que hacen hincapié en la necesidad de contar con una plantilla formada e implicada y comprometida en su trabajo y con la empresa, como medio de adecuarse mejor a los nuevos requerimientos que aparecen en la esfera del trabajo. Para desarrollar las capacidades de toma de decisión autónoma por parte de los trabajadores y para potenciar su capacidad de resolver problemas (dos de los "nuevos requerimientos de los trabajadores del siglo XXI", a los que se le podría agregar, entre otros, el de la polifuncionalidad), la formación juega un papel de suma importancia. Sin embargo, agregan los autores, "ninguna ley ineluctable asegura que el aumento de la formación de los trabajadores sirva, por sí sola, al aumento de la productividad y la competitividad. Muchos menos garantiza, de por sí, que actúe como elemento dinamizador del empleo". Cuando se aborde el tema de los requerimientos de los nuevos puestos de trabajo, se verá que en muchos casos se estará haciendo mención a elementos comportamentales. Capacidades que tienen más que ver con la adhesión o incorporación de criterios empresariales que con el discurso sobre la competitividad y la optimización de los nuevos equipos y técnicas productivas y organizativas. Capacidades que, por otra parte, pueden fomentarse por medio de la "formación formal" pero que, con frecuencia, remiten a su adquisición diferenciada por medio de los distintos procesos de socialización en que se ven inmersos los grupos sociales que, también con posibilidades diferenciadas, intentan acceder al empleo, conservarlo o progresar en él. Los nuevos requerimientos en el trabajo Partiendo de la constatación de que las empresas necesitan cambiar el modo de gestión empresarial y de organización del trabajo fordista-taylorista, se comprueba que éstas vienen ensayando una serie de innovaciones y cambios tanto en lo que refiere al equipamiento como al modo de organizar el trabajo. Los nuevos requerimientos en el trabajo, suponen nuevas exigencias o estructuración de la formación reglada y nuevas exigencias para quienes ya tienen un trabajo. En la importancia de estas capacidades es que los autores encuentran el actual desfasaje entre la formación "formal" o reglada y el empleo. Mientras que la formación ofrecida pone el acento en unas dimensiones de la formación, los empleadores asignan principal relevancia a otra. Las pautas de conducta y la posición social son elementos que sirven para determinar la posición en el mercado de trabajo y, por tanto, sus posibilidades de acceso al empleo. Es así, dicen los autores, "que la idea de que "a mayor formación reglada, mejor empleo y mejores posibilidades de obtenerlo" queda reducida a una afirmación simplista para amplios grupos de personas". Los procesos de socialización, las actitudes y comportamientos derivados de la posición social y las estrategias individuales y, sobre todo familiares, devienen un elemento explicativo de primer orden para acercarse a los mecanismos que rigen el acceso al empleo, su conservación y el progreso en el mismo. Este hecho tiene importantes consecuencias para la conformación de un mercado de trabajo segmentado. La formación en un mercado de trabajo fragmentado El mercado de trabajo es segmentado, lo cual quiere decir que existen distintos grupos sociales con posibilidades de acceso al empleo y de movilidad dentro del mismo diferenciadas. Las oportunidades de trabajo aparecen desigualmente repartidas entre los diversos grupos sociales, con la consiguiente estructuración social de los procesos que tienen cabida en dicho mercado de trabajo. La ubicación y las formas de trabajo de los distintos grupos sociales reflejan su "poder social de negociación", que, en términos de empleo, se traduce en su disposición y en su capacidad para aceptar y acceder a empleos con salarios y condiciones específicos. La segmentación del mercado de trabajo reestructura y condiciona el papel de la formación como elemento válido para acceder al empleo. En las empresas hay estrategias diferentes de capacitación para distintos grupos del personal. Por lo general la tendencia es a capacitar exclusivamente a trabajadores que pertenecen a los grupos considerados estratégicos para la producción, y dejar de lado a los periféricos. También existe el fenómeno del dualismo social, que implica que se brinda formación a aquellos que ya han recibido algún tipo de formación previamente, con lo cual se genera un circulo "virtuoso" para aquellos trabajadores que están dentro, y "vicioso" para aquellos que quedaron excluidos. A modo de resumen Las reflexiones de los autores en torno a la formación profesional y su relación con el empleo podría sintetizarse en los siguientes puntos:
Este es un libro que propone un enfoque diferente al discurso dominante en lo que tiene que ver con la relación o el vínculo que existe entre la formación profesional y el empleo. Es una perspectiva diferente sobre un tema que, sin lugar a dudas, ocupa un lugar central en el debate actual sobre gestión empresarial como así también en aquel relativo a las políticas de empleo.
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