Méda, Dominique
El trabajo: un valor en peligro de extinción. Barcelona: GEDISA, 1998.
287p.
ISBN: 84-7432-625-7
Este libro se propone hacer aflorar y aportar al
debate público una serie de reflexiones filosóficas, antiguas y recientes,
sobre el trabajo y, simultáneamente, desarrollar un estudio crítico
de este concepto.
Dos ideas, afirma
Dominique Méda, están en el origen de este propósito. La primera es
que las cuestiones legítimas que debieran plantearse en relación al
lugar, el sentido y el futuro del trabajo en nuestras sociedades se
encuentran en la actualidad opacadas por enfoques tecnocráticos, economicistas
y políticos que les quitan relevancia a estos temas. La autora sostiene
que estas son cuestiones que conciernen a todos los ciudadanos y que,
por lo tanto, debieran ser objeto de un amplio debate público y político.
Pero no se trata sólo de una discusión de carácter técnico, de saber
si la lucha contra el desempleo es más eficaz si se suprime el salario
mínimo, se rebajan las cotizaciones sociales patronales o se implementan
medidas de reactivación a nivel europeo. Se trata de una discusión en
la cual el estatuto mismo del trabajo es analizado. Aunque en la actualidad
conviene, sin lugar a duda, conocer la naturaleza de la crisis que padecen
las sociedades industriales o posindustriales, también importa saber
elegir el tipo de sociedad en la cual queremos vivir.
El segundo propósito
del libro es demostrar que el análisis crítico y reflexivo propio de
la filosofía es, hoy más que nunca, necesario, especialmente como herramienta
para ubicar en la historia de las ideas y de las representaciones sociales
algunos conceptos que creemos conocer bien, entre ellos el del trabajo.
Un gran número de fenómenos que nos parecen evidentes y hasta naturales
están vinculados con el trabajo (se cita de ejemplo la importancia de
lo económico o el predominio de la racionalidad instrumental), y poder
llegar a comprender su función en nuestras sociedades exige no ya solo
una visión multidisciplinaria capaz de aprehender las relaciones entre
estas diversas manifestaciones, sino que además requiere de la intervención
de lo que la autora define como la más generalista y reflexiva de las
ciencias humanas: la filosofía. Hoy en día, constata, la filosofía se
encuentra recluida en la contemplación y en la reescritura de su historia.
La filosofía de nuestra época, la que se enseña en las universidades
e institutos y la que se publica en libros, se limita a exponer la historia
de las ideas como una sucesión lógica de doctrinas sin establecer ninguna
relación con la historia real. Por temor a incurrir en los defectos
que se le han achacado (generalizadora, normativa, carente de realismo),
la filosofía actual se abstiene de terciar en los asuntos de las sociedades
(trabajo, desempleo, educación, etc.).
Se hace aquí un
análisis muy interesante sobre la separación de la función crítica de
la reflexión filosófica y de la gestión administrativa. La desconfianza
hacia la función crítica y normativa y la ausencia de un verdadero espacio
público, configuran para Méda una situación preocupante, al menos que
se considere, como muchos hoy en día, que la sociedad sólo necesita
mantener su propio movimiento y en ningún caso ejercer la reflexión
crítica para seguir funcionando. A este punto se contesta sosteniendo
que aunque no es posible determinar en su totalidad la dirección de
la maquinaria social, quizá nuestras sociedades sean lo suficientemente
maduras como para cambiar la dirección de la marcha de las cosas. Se
trata de saber si el devenir de nuestras sociedades está totalmente
determinado desde el exterior, es decir, por la globalización del comercio,
la internacionalización de las relaciones y de las comunicaciones, de
la evolución económica, o si disponemos aún de la capacidad de decidir,
siquiera parcialmente, la evolución de nuestras sociedades. Se levantan
en torno a esta interrogante una serie de preguntas más: ¿Queda algún
lugar para la elección de objetivos y fines, para aquello que solía
llamarse política? ¿Queda algún espacio específicamente político por
inventar o recobrar en el que se puedan debatir y elegir colectivamente
esos fines?
Por la importancia
central del trabajo en nuestras sociedades, la discusión en torno a
su futuro, su estatuto, su lugar, no es ni puede ser tema exclusivo
de economistas, sino que, por el contrario, sólo debe abordarse y resolverse,
consciente y colectivamente.
Este trabajo constituye
un interesantísimo análisis de la función del trabajo a lo largo de
la historia de Occidente y un estímulo para importantes replanteamientos.