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Fecha de actualización:
28/11/2008

 

 

EL LIBRO DEL MES
Abril

Méda, Dominique
El trabajo: un valor en peligro de extinción. Barcelona: GEDISA, 1998. 287p.
ISBN:  84-7432-625-7
El trabajo: un valor en peligro de extinción


Este libro se propone hacer aflorar y aportar al debate público una serie de reflexiones filosóficas, antiguas y recientes, sobre el trabajo y, simultáneamente, desarrollar un estudio crítico de este concepto.

Dos ideas, afirma Dominique Méda, están en el origen de este propósito. La primera es que las cuestiones legítimas que debieran plantearse en relación al lugar, el sentido y el futuro del trabajo en nuestras sociedades se encuentran en la actualidad opacadas por enfoques tecnocráticos, economicistas y políticos que les quitan relevancia a estos temas. La autora sostiene que estas son cuestiones que conciernen a todos los ciudadanos y que, por lo tanto, debieran ser objeto de un amplio debate público y político. Pero no se trata sólo de una discusión de carácter técnico, de saber si la lucha contra el desempleo es más eficaz si se suprime el salario mínimo, se rebajan las cotizaciones sociales patronales o se implementan medidas de reactivación a nivel europeo. Se trata de una discusión en la cual el estatuto mismo del trabajo es analizado. Aunque en la actualidad conviene, sin lugar a duda, conocer la naturaleza de la crisis que padecen las sociedades industriales o posindustriales, también importa saber elegir el tipo de sociedad en la cual queremos vivir.

El segundo propósito del libro es demostrar que el análisis crítico y reflexivo propio de la filosofía es, hoy más que nunca, necesario, especialmente como herramienta para ubicar en la historia de las ideas y de las representaciones sociales algunos conceptos que creemos conocer bien, entre ellos el del trabajo. Un gran número de fenómenos que nos parecen evidentes y hasta naturales están vinculados con el trabajo (se cita de ejemplo la importancia de lo económico o el predominio de la racionalidad instrumental), y poder llegar a comprender su función en nuestras sociedades exige no ya solo una visión multidisciplinaria capaz de aprehender las relaciones entre estas diversas manifestaciones, sino que además requiere de la intervención de lo que la autora define como la más generalista y reflexiva de las ciencias humanas: la filosofía. Hoy en día, constata, la filosofía se encuentra recluida en la contemplación y en la reescritura de su historia. La filosofía de nuestra época, la que se enseña en las universidades e institutos y la que se publica en libros, se limita a exponer la historia de las ideas como una sucesión lógica de doctrinas sin establecer ninguna relación con la historia real. Por temor a incurrir en los defectos que se le han achacado (generalizadora, normativa, carente de realismo), la filosofía actual se abstiene de terciar en los asuntos de las sociedades (trabajo, desempleo, educación, etc.).

Se hace aquí un análisis muy interesante sobre la separación de la función crítica de la reflexión filosófica y de la gestión administrativa. La desconfianza hacia la función crítica y normativa y la ausencia de un verdadero espacio público, configuran para Méda una situación preocupante, al menos que se considere, como muchos hoy en día, que la sociedad sólo necesita mantener su propio movimiento y en ningún caso ejercer la reflexión crítica para seguir funcionando. A este punto se contesta sosteniendo que aunque no es posible determinar en su totalidad la dirección de la maquinaria social, quizá nuestras sociedades sean lo suficientemente maduras como para cambiar la dirección de la marcha de las cosas. Se trata de saber si el devenir de nuestras sociedades está totalmente determinado desde el exterior, es decir, por la globalización del comercio, la internacionalización de las relaciones y de las comunicaciones, de la evolución económica, o si disponemos aún de la capacidad de decidir, siquiera parcialmente, la evolución de nuestras sociedades. Se levantan en torno a esta interrogante una serie de preguntas más: ¿Queda algún lugar para la elección de objetivos y fines, para aquello que solía llamarse política? ¿Queda algún espacio específicamente político por inventar o recobrar en el que se puedan debatir y elegir colectivamente esos fines?

Por la importancia central del trabajo en nuestras sociedades, la discusión en torno a su futuro, su estatuto, su lugar, no es ni puede ser tema exclusivo de economistas, sino que, por el contrario, sólo debe abordarse y resolverse, consciente y colectivamente.

Este trabajo constituye un interesantísimo análisis de la función del trabajo a lo largo de la historia de Occidente y un estímulo para importantes replanteamientos.

 

 

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