Mensaje de Juan
Somavia
Director General de la Oficina Internacional del Trabajo
con ocasión del
Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza
(17 de octubre de 2004)
"Denme una
oportunidad justa de tener un trabajo decente" es lo que piden
las mujeres y los hombres. Todo encargado de la formulación de
las políticas que procure luchar contra la pobreza debería
contestar a una pregunta clave para la gente: ¿de qué
manera su orientación en materia de políticas mejorará
la cantidad y la calidad de los empleos? Este es uno de los pasos que
podemos dar juntos para erradicar la pobreza de una vez por todas.
Este año
el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza
coincide con el 60° aniversario de la Declaración de Filadelfia
de la OIT en la cual se dice que "la pobreza, en cualquier lugar,
constituye un peligro para la prosperidad de todos".
La lucha contra
la pobreza ocupa un lugar fundamental en el marco del mandato de la
OIT. También constituye una prueba vital a nivel mundial para
el siglo XXI. Más de mil millones de personas están desempleadas,
subempleadas o son trabajadores pobres. Y el déficit de trabajo
decente se está ampliando, creando así tensiones sociales
y amenazando la estabilidad. Esta es quizás la amenaza más
generalizada para la seguridad con que se enfrenta hoy el mundo. Los
esfuerzos desplegados para cumplir nuestros compromisos colectivos de
luchar contra la pobreza serán insuficientes, a menos que nos
centremos en crear oportunidades de empleo y de trabajo decente para
todos.
Ese fue el mensaje
resultante de la Cumbre Extraordinaria de Jefes de Estado y de Gobierno
de la Unión Africana sobre Empleo y Alivio de la Pobreza en Africa,
que tuvo lugar recientemente en Burkina Faso. Dirigentes de todo el
continente decidieron concentrarse en la creación de empleo como
una vía sostenible para superar la pobreza. Ello marca un cambio
importante en la lógica del desarrollo: se ha pasado de la búsqueda
de un crecimiento de cualquier tipo, a cualquier costo, a un crecimiento
de calidad basado en la creación de empleos decentes. También
refleja la recomendación clave de la Comisión Mundial
sobre la Dimensión Social de la Globalización de hacer
del trabajo decente un elemento central para lograr una globalización
justa.
El empleo es el
eslabón que falta entre el crecimiento y la reducción
de la pobreza. De hecho, la desigualdad empeora cuando el crecimiento,
que crea riqueza, no va acompañado de empleos decentes, los cuales
propagan la riqueza, fomentando el consumo e impulsando las inversiones.
Cuando se rompe ese ciclo de un mercado sano, nos encontramos con problemas,
como en la actualidad.
La gente que vive
en la pobreza -mujeres, hombres, jóvenes y, desafortunadamente,
incluso niños- trabaja muy duro cada día. El problema
no es la pobreza de esfuerzos, sino la pobreza de oportunidades. La
gente busca la oportunidad de transformar la creatividad que debe utilizar
para sobrevivir y convertirla en una productividad capaz de impulsar
su desarrollo personal y social.
Para lograrlo, hace
falta una buena gobernanza en todos los planos, desde el nacional hasta
el global. En particular, las organizaciones internacionales deben reunirse
en el marco de sus mandatos para promover el crecimiento global, un
nivel mucho más elevado de creación de empleo y el entorno
propicio para las inversiones y la iniciativa empresarial. Y el empleo
y el trabajo decente deberían ser la medida del éxito
de las estrategias globales para reducir la pobreza y de la cooperación
para el desarrollo. Un punto de partida adecuado sería el examen
que se realizará el próximo año acerca de la Declaración
del Milenio y de sus objetivos de desarrollo, así como los documentos
de estrategia de lucha contra la pobreza.