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Resumen ejecutivo
Un futuro sin trabajo infantil está hoy a nuestro alcance. Se
están haciendo importantes avances en el contexto de los esfuerzos
mundiales encaminados a eliminar el trabajo infantil, pero no debemos
darnos por satisfechos pues aún queda mucho por hacer, y se requiere
un esfuerzo sólido y sostenido a escala mundial. En este sentido,
la OIT tiene un papel fundamental que desempeñar en la promoción
de un movimiento mundial más integrado y coherente con miras
a la consecución de metas viables.
Este segundo Informe global sobre el trabajo infantil con arreglo al
seguimiento de la Declaración de la OIT relativa a los principios
y derechos fundamentales en el trabajo presenta por primera vez una
visión realmente dinámica. Las nuevas estimaciones mundiales
que se indican en la parte I permiten evaluar las tendencias
mundiales y regionales. Del análisis de los datos surge un panorama
destacable. En 2004 había 218 millones de niños atrapados
en situaciones de trabajo infantil, de los cuales 126 millones realizaban
trabajos peligrosos. Aunque las niñas participan en la misma
proporción que los niños en el trabajo infantil y en las
tareas peligrosas en el grupo de los más jóvenes (5 a
11 años), en los grupos de edad subsiguientes los niños
predominan considerablemente en ambas categorías. No obstante,
el número de niños trabajadores disminuyó globalmente
en un 11 por ciento durante los últimos cuatro años, mientras
que el número de niños que realizan trabajos peligrosos
disminuyó en un 26 por ciento. En el grupo de edad de 5 a 14
años la disminución en la categoría de trabajos
peligrosos fue incluso más drástica: un 33 por ciento.
El panorama general que se deduce de estos datos es que el trabajo infantil
está disminuyendo y que cuanto más perjudicial es el trabajo
y más vulnerables son los niños que lo realizan, más
rápida es la disminución.
Los progresos más importantes se están registrando en
América Latina y el Caribe, donde el número de niños
que trabaja ha disminuido en unos dos tercios en el transcurso de los
últimos cuatro años; en la actualidad sólo el 5
por ciento de los niños trabaja. La región en que se han
registrado menos progresos, en cambio, es la del África Subsahariana,
donde las tasas de crecimiento de la población, de infección
por el VIH/SIDA y de trabajo infantil siguen siendo alarmantemente elevadas.
Un aspecto importante de las tendencias positivas señaladas
aquí está relacionado con las normas de la OIT. Hay avances
alentadores en cuanto a la ratificación en muchas partes del
mundo y, si bien la ratificación de los Convenios núms.
138 y 182 es sólo un primer paso, muchas ratificaciones se han
acompañado con medidas concretas contra el trabajo infantil.
El compromiso político, a través de la adopción
de políticas coherentes en los ámbitos de la reducción
de la pobreza, la educación básica y los derechos humanos,
es un elemento fundamental, tanto hoy como ayer, para que los países
puedan avanzar en la lucha contra el trabajo infantil. El crecimiento
económico por sí solo no eliminará el trabajo infantil,
aunque evidentemente es importante. Las opciones en materia de políticas
influyen en ese sentido, y las que abren oportunidades para los pobres
son esenciales para los esfuerzos encaminados a eliminar el trabajo
infantil. En el informe se presentan ejemplos procedentes de Asia Oriental,
incluida China, y del Brasil para ilustrar el hecho de que, además
de la reducción de la pobreza, la decisión de centrarse
en la educación universal en particular es una condición
previa importante para impulsar a los países hacia el punto de
transición por lo que respecta a hacer frente al trabajo infantil.
En la parte I del informe se examina la experiencia histórica
de las primeras naciones industriales para reforzar el mensaje central
acerca de lo que resulta eficaz para combatir el trabajo infantil. El
informe examina cómo una sociedad puede dar un «vuelco»
y pasar de una situación en la cual hay una alta proporción
de trabajo infantil a otra en la cual el derecho de los niños
a no trabajar está plenamente reconocido y se convierte en norma
social.
Los informes globales proporcionan una importante oportunidad para
reflexionar sobre los progresos realizados en los cuatro años
precedentes. En la parte II del informe se analizan los esfuerzos
encaminados a reforzar el programa de cooperación técnica
de la OIT de mayor envergadura, esto es, el programa Internacional para
la Erradicación del Trabajo Infantil (IPEC) y para integrar la
cuestión del trabajo infantil en el Programa de Trabajo Decente.
En la parte III se plantea el principal desafío con el
que se enfrenta el movimiento mundial contra el trabajo infantil: encontrar
la mejor manera de integrar la eliminación del trabajo infantil
en los marcos clave de desarrollo y de derechos humanos.
En la parte IV se plantea un plan de acción que está
basado en el enfoque de los tres pilares presentado en el Informe global
de 2002, pero desarrollado de manera más específica, en
el cual se definen metas claras. Se propone en él que la OIT
y los Estados Miembros sigan procurando alcanzar la meta de la abolición
efectiva del trabajo infantil, comprometiéndose a eliminar todas
las peores formas de trabajo infantil para 2016, y que pongan en práctica
medidas apropiadas de duración determinada para finales de 2008.
Con miras a la consecución de estas metas, durante los próximos
cuatro años la OIT intensificará sus esfuerzos para desarrollar
enfoques coherentes y globales con miras a abolir el trabajo infantil.
El plan de acción propuesto se sustenta en tres pilares: el apoyo
a las respuestas nacionales ante el problema del trabajo infantil, en
particular mediante la incorporación efectiva del tema en las
políticas nacionales y los marcos nacionales de desarrollo; la
profundización y el fortalecimiento del movimiento mundial, y
la promoción de una mayor integración de las cuestiones
relativas al trabajo infantil en las prioridades generales de la OIT
con relación al trabajo decente como objetivo global. Este enfoque
más centrado y estratégico respecto del liderazgo mundial
ayudará a garantizar que la OIT contribuya de manera eficaz a
relegar el trabajo infantil a la historia.