La
OIT lanza el primer informe global sobre discriminación en el trabajo
Se
afirma que la discriminación en el lugar de trabajo continúa
siendo un problema global que se manifiesta en formas nuevas y más
sutiles
Lunes 12 de mayo de 2003
( OIT/03/19 )
GINEBRA (Noticias de la OIT) - Si bien algunas de las formas más
flagrantes de discriminación en el trabajo pueden haber disminuido,
muchas continúan siendo un elemento cotidiano y permanente en
el lugar de trabajo o están tomando nuevas y más sutiles
formas. Esto es causa de una creciente preocupación, de acuerdo
con un nuevo estudio de la Oficina Internacional del Trabajo (OIT).
Asimismo, el estudio más exhaustivo realizado hasta la fecha
por la OIT en materia de discriminación, titulado "La
hora de la igualdad en el trabajo" (1) advierte que dejar
de enfrentar "las amplias desigualdades socioeconómicas"
existentes en el mundo del trabajo, no sólo equivale a "desperdiciar
recursos y talento humano" sino que puede tener en los próximos
años "efectos catastróficos en la cohesión
social nacional, la estabilidad política y, en consecuencia,
en el desarrollo".
"Es posible que éste sea uno de los mayores desafíos
a los que debe hacer frente la sociedad contemporánea y es esencial
para la paz social y la democracia," dice el Informe.
"Cada día, en cada lugar de trabajo en las distintas regiones
del mundo, la discriminación constituye una triste realidad para
cientos de millones de personas," afirma Juan Somavia, Director
General de la OIT. "Este Informe, acertadamente denominado 'La
hora de la igualdad en el trabajo', muestra claramente que a menos que
realizamos una acción positiva, esa hora estará aún
muy lejos de llegar."
El Informe muestra asimismo que muchos de quienes sufren la discriminación,
especialmente en razón del sexo o el color, se enfrentan a una
persistente "brecha de igualdad" que los separa de los grupos
dominantes que disfrutan de una vida mejor, o incluso de sus iguales
que se han visto favorecidos por leyes y políticas antidiscriminatorias.
"Es necesario salvar esta brecha," dice Somavia. "El
fracaso en la eliminación de la discriminación en el trabajo
conlleva una mayor dificultad para enfrentar los desafíos planteados
por la creciente migración, los cambios tecnológicos sin
precedentes, las consecuencias sociales de la globalización y
la necesidad de dar cabida a diversidad - y afecta gravemente la paz
social y la democracia."
El Informe de la OIT hace responsable de la constante discriminación
a los prejuicios, a los estereotipos y a las instituciones con prejuicios
que han resistido a décadas de esfuerzos legislativos y medidas
políticas sesgadas adoptadas por los gobiernos, los trabajadores
y los empleadores contra la desigualdad de trato en el trabajo.
La discriminación - definida en el Convenio núm. 111 de
la OIT (2) como cualquier distinción, exclusión o preferencia
basada en motivos de raza, color, sexo, religión, opinión
política, ascendencia nacional u origen social (entre otras características)
"que tenga por efecto anular o alterar la igualdad de oportunidades
o de trato en el empleo y la ocupación". La discriminación
puede perpetuar la pobreza, impedir el desarrollo, la productividad
y la competitividad, y provocar inestabilidad política, según
el Informe preparado con arreglo a la Declaración de la OIT de
1998 relativa a los principios y derechos fundamentales en el trabajo.
No obstante, Somavia afirma que no todas son malas noticias: "Hemos
realizado progresos". "Actualmente, la discriminación
ha sido condenada formalmente prácticamente de manera universal
y en numerosos países se han adoptado medidas para luchar contra
la discriminación en el trabajo. La discriminación sigue
siendo, sin embargo, un 'blanco' móvil y nos queda un largo trecho
por recorrer en el camino de la igualdad."
Principales Conclusiones
La
discriminación sigue siendo un problema común en el
lugar de trabajo. En el Informe se afirma que "si bien algunas
de las formas más flagrantes de discriminación en
el trabajo pueden haber disminuido, muchas continúan existiendo
y otras han adquirido formas nuevas o menos visibles". "Por
ejemplo, el efecto combinado de la migración, la redefinición
de los límites nacionales ... los crecientes problemas económicos
y las desigualdades han exacerbado ciertos problemas como la xenofobia
y la discriminación racial y religiosa." Más
recientemente, nuevas formas de discriminación por discapacidad,
VIH/SIDA, edad u orientación sexual se han convertido en
una causa de preocupación creciente.
Los progresos realizados en la lucha contra la discriminación
en el trabajo no han sido uniformes, incluso en las formas reconocidas
desde hace largo tiempo como la discriminación contra la
mujer. Se afirma en el Informe que "la discriminación
en el trabajo no desaparecerá por sí misma ni tampoco
el mercado se preocupará de ese problema". Así
por ejemplo, si bien el número de mujeres que recibe un salario
en la actualidad es mucho mayor que hace 50 años, las mujeres
aún se ven relegadas a trabajos poco calificados. Incluso
en los países en los que las mujeres han recibido una educación
igual o mejor que la de los hombres, el "techo de cristal"
obstaculiza a menudo su último ascenso hacia la cima. Y,
en todo el mundo, la mayoría de las mujeres continúa
ganando menos que los hombres.
Las
desigualdades dentro de los grupos discriminados continúan
aumentando. Si bien las políticas antidiscriminatorias han
conducido a un aumento del empleo y las ganancias de numerosos grupos
desfavorecidos, las desigualdades dentro de estos grupos, siguen
en aumento. Las políticas de discriminación positiva,
por ejemplo, contribuyeron a crear, en algunos países, una
nueva clase media de personas que antes eran discriminadas. Es decir
que unos pocos llegan a la cima de la escala social mientras que
la mayor parte de la gente continúa entre los que reciben
peores salarios y son socialmente excluidos.
La
discriminación empuja a menudo a las personas a trabajos
con salarios bajos dentro de la economía "informal".
Las personas discriminadas quedan frecuentemente atrapadas en los
peores empleos en los que se les niega toda prestación, protección
social, formación profesional, capital, tierra o crédito.
Las mujeres, más que los hombres, tienen mayores probabilidades
de verse empleadas en este tipo de actividades invisibles y subestimadas,
como el servicio doméstico pagado, el trabajo familiar no
remunerado y el trabajo en el hogar.
El
fracaso en la erradicación de la discriminación contribuye
a perpetuar la pobreza. Las personas discriminadas se encuentran
a menudo entre los más pobres entre los pobres y la pobreza
es más grave entre las mujeres que en otros grupos discriminados.
En el Informe se afirma que la discriminación genera una
red de pobreza, trabajo infantil y trabajo forzoso y exclusión
social; y agrega que "la eliminación de la discriminación
es indispensable para cualquier estrategia viable tendiente a la
reducción de la pobreza y al desarrollo económico
sostenible."
Todos
se benefician con la eliminación de la discriminación
en el trabajo: los individuos, las empresas y la sociedad en su
conjunto. La equidad y la justicia en el lugar de trabajo fomentan
en gran medida la estima y el buen estado de ánimo de los
trabajadores. Una mano de obra más motivada y productiva
mejora la productividad y la competitividad de las empresas. Una
mejor distribución de las oportunidades para desarrollar
y utilizar los talentos de los distintos grupos de la sociedad,
contribuye a lograr la cohesión social en sociedades cada
vez más diversificadas.
(1)
La hora de la igualdad en el trabajo - Informe global con arreglo
al seguimiento de la Declaración de la OIT relativa a los principios
y derechos fundamentales en el trabajo 2003, Oficina Internacional
del Trabajo, Ginebra, 2003. ISBN 92-2-312871-4. Precio: 20 francos
suizos.
(2) Convenio sobre la discriminación (empleo y ocupación),
1958 (núm. 111) y la Recomendación que lo acompaña
(núm. 111), Artículo 1(1a)). A fecha de mayo de 2003,
el Convenio había sido ratificado por 158 de los 175 Estados
miembros de la OIT. El Convenio sobre igualdad de remuneración,
1951 (núm. 100) ha sido ratificado por 160 Estados miembros.
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