El crecimiento no genera suficiente empleo en el mundo y frente a este
hecho las discusiones de los líderes mundiales de la finanzas
como las realizadas recientemente en Singapur deben ir más allá
del comercio y el déficit financiero, afirma el Director General
de la OIT Juan Somavia. En este artículo, Somavia hace un llamado
para realizar reformas políticas significativas que permitan
enfrentar el desequilibrio entre crecimiento y creación de empleo.
(El texto completo de la declaración (in inglés) de Juan
Somavia a la Reunión Anual del FMI y el Banco Mundial, puede
ser consultado en: www.ilo.org/public/english/bureau/dgo/speeches/somavia/2006/singapore.pdf)
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Por Juan Somavia, Director General, Organización Internacional
del Trabajo
En 2006 el PIB podría aumentar en más de 4 por ciento
por cuarto año consecutivo. África al Sur del Sahara podría
registrar la tasa de crecimiento más sólida de los últimos
30 años. Las tasas de interés aún son relativamente
bajas, las empresas registran ganancias sin precedentes. Y se ha pronosticado
que el comercio mundial continuaría creciendo cerca de 7 por
ciento.
Pero si bien la tasa de crecimiento es más que aceptable, no
sucede lo mismo con la cantidad y calidad del trabajo que se ha generado.
Casi en todas partes del mundo, el acceso al trabajo decente y productivo
no refleja la mejoría de las estadísticas macroeconómicas.
En los últimos diez años, las cifras del desempleo oficial
aumentaron en más de 20 por ciento.
Pero además en vastas regiones del mundo la mayoría de
los nuevos trabajos se crean en la ya concurrida economía informal,
donde las trabajadoras y los trabajadores se ganan la vida con baja
productividad y, como consecuencia, con bajos ingresos.
El número total de trabajadores pobres que viven con menos de
2 dólares al día por persona permanece hoy al mismo nivel
que hace 10 años, y representa cerca del 50 por ciento de la
fuerza laboral del mundo. Todo esto plantea desafíos con profundas
implicaciones políticas y de seguridad.
Quizás en ningún otro lugar este desequilibrio sea tan
evidente como en Asia. Es verdad que el amanecer de este "Siglo
Asiático" ha sido marcado por un rápido crecimiento
económico, más del doble del promedio global desde 1995,
y con un aumento de la productividad laboral de 41 por ciento. Sin embargo,
Asia enfrenta una serie de "déficit de trabajo decente".
En la región viven más de las dos terceras partes de los
pobres del mundo y cerca de la mitad de los jóvenes desempleados.
El empleo informal como parte del empleo no agrícola va desde
83 por ciento en India, 78 por ciento en Indonesia y 72 por ciento en
Filipinas, a 51 por ciento en Tailandia y 42 por ciento en la República
Árabe Siria.
¿Cuáles son algunas de las más importantes medidas
políticas necesarias para enfrentar el desequilibrio mundial
del empleo?
Primero, la creación de empleo debe ser un objetivo claro en
la formulación de políticas. Es crucial en la promoción
del crecimiento económico que se traduzca efectivamente en la
creación de trabajo decente y estimule la inversión y
la iniciativa empresarial, el desarrollo de competencias, normas laborales
apropiadas y modos de vida sostenibles. Facilitar la creación
de empresas es clave, en particular para promover y extender el desarrollo
local y los mercados locales a través de pequeñas iniciativas
empresariales. Es vital garantizar que las mujeres y hombres jóvenes
obtengan los conocimientos necesarios para comenzar su vida laboral.
Segundo, respetar, promover y aplicar los principios y derechos fundamentales
en el trabajo, es decir, libertad de asociación, eliminación
del trabajo forzoso, del trabajo infantil y la dircriminación
laboral. Como reconocen la mayoría de los dirigentes empresariales,
las leyes laborales que garantizan los derechos humanos en el trabajo
son esenciales para un sano ambiente de inversiones, estabilidad en
el lugar de trabajo y productividad.
Tercero, extender la protección social y aumentar su eficiencia,
en particular para los trabajadores de la agricultura y de la economía
informal quienes con frecuencia no están cubiertos por la legislación
laboral.
Y cuarto, apoyar las instituciones y los sistemas que fortalecen la
gobernabilidad del mercado laboral, incluyendo procesos que estimulan
el diálogo social y ayudan a resolver disputas en el lugar de
trabajo. El diálogo social, que involucre a organizaciones fuertes
e independientes de trabajadores y empleadores, tiene un papel crucial
en el incremento de la productividad y en la construcción de
sociedades coherentes. Es el mejor camino hacia la flexibilidad y la
seguridad para empleadores y trabajadores. La experiencia demuestra
que la falta de diálogo debilita el potencial de desarrollo.
Esto es lo que plantea el "Programa de Trabajo Decente de la OIT",
desarrollado por ministros de gobiernos, dirigentes de empleadores y
sindicatos de todas partes del mundo. Además, en reuniones como
la Cumbre Mundial de las Naciones Unidas en 2005 y la reunión
Ministerial del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas
(ECOSOC) en julio de este año, la comunidad mundial ha hecho
del empleo total y productivo y del trabajo decente un objetivo central
de las políticas de desarrollo nacional. Existe hoy un consenso
internacional sobre este tema.
Debemos ser conscientes que el crecimiento no puede ser valorado sólo
por el criterio del éxito económico. Ignorar el empleo
como un objetivo de las políticas y esperar que de alguna manera
el crecimiento genere todo el trabajo decente que el mundo necesita
es una receta para el desastre. Sobre las bases de políticas
macroeconómicas sólidas, también debemos promover
una convergencia de inversiones, educación, salud, mercado laboral,
desarrollo local y otras políticas para superar el reto de reducir
los desequilibrios de trabajo decente y alcanzar los Objetivos
de Desarrollo del Milenio.
El sistema global también tiene un importante papel que desempeñar.
Nuestro sistema multilateral de la ONU y sus organismos, así
como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI), tienen
la responsabilidad común de enfrentar la crisis mundial del trabajo.
Invito a las instituciones de Bretton Woods a unirse a la OIT y a otras
importantes organizaciones para enfrentar juntos la petición
democrática de individuos, familias y comunidades en el mundo
de una oportunidad justa de acceder al trabajo decente. Ninguna organización
tiene todas las respuestas, pero nuestra experiencia conjunta puede
ser mejor utilizada.
Mayor información:http://www.ilo.org/public/spanish/bureau/inf/features/06/dg_singapore.htm