|
Educación profesional en América Latina y Caribe: agenda de una nueva "institucionalidad"
Los modelos institucionales de la educación profesional (EP) en América Latina y Caribe (ALC) tienen raíces en los años 40 y 50 sin contar los institutos que vienen desde la colonización (como las escuelas de los jesuitas). Estos modelos se estructuraron, en gran parte, en el contexto de estados populistas, gobiernos autoritarios, desarrollo basado en la sustitución de importaciones, mercados protegidos, empresas poco competitivas, baja preocupación en la calidad, bajos sueldos, utilización masiva de mano de obra de baja calificación, altas tasas de expansión del sector industrial. Estos factores, entre otros, han contribuido para definir un arreglo institucional marcado por dos tipos de organizaciones: las escuelas o colegios técnicos nacionales y las instituciones de formación profesional (IFPs). Estos dos bloques institucionales, a pesar de sus aspectos peculiares, han desarrollado un modelo de operación con algunos rasgos comunes en gran parte de la región:
Esto es sin embargo un esbozo simplificado de estos modelos institucionales. Desde luego, es necesario observar que los rasgos apuntados que hoy son tomados como debilidades fueran, por largo plazo, los puntos fuertes de estas instituciones, que operaron con alta funcionalidad y eficiencia en la formación de mano de obra calificada y técnicos para las actividades o sectores económicos importantes para el desarrollo urbano-industrial. Además, es importante señalar que el rol dominante de estos modelos no significa que dejarán de existir otras agencias de EP en el continente: grupos laicos o religiosos, sindicatos, empresas, fundaciones, universidades todos esos organismos de alguna manera tienen su história en el área de EP. Todavía, no resultaron en un proyecto común, de alcance más amplio. En gran parte de los casos, lograron solamente reproducir en versión más pobre - los modelos de las escuelas técnicas nacionales o de las IFP; en otros, se limitaron a actuar como entidades de caridad o de contención social. No lograron así presentar alternativas al cuadro dominante da la EP en ALC. La crisis de estos arreglos institucionales y el comienzo de procesos de cambio todavía no terminados - se define en el contexto de la crisis misma de los modelos políticos, económicos y sociales en que tenían sus raíces. A partir de los 80 o ya en los 70, en algunos casos los países de ALC empezaron a enfrentar los retos de la globalización e integración de mercados, el estancamiento de la alternativa de sustituir importaciones, la imposición de padrones de calidad y competitividad internacional, el flujo de innovaciones técnicas y de organización en las empresas, el agotamiento del autoritarismo político, los procesos de apertura democrática y de rescate de valores como participación y ciudadanía. El mercado de trabajo refleja el peso combinado de todos esos factores, que actúan como presiones y estímulos a la revisión de conceptos y prácticas productivas. En materia de gestión y organización empresarial, se definen y se difunden, en ese cuadro, una serie de principios que configuran una "nueva filosofía de producción": integración, flexibilidad, calidad, polivalencia y participación. Estos principios surgen antes de todo en el discurso de empresarios y especialistas. Pero poco a poco afectan a la practica de las empresas, con efectos que se propagan por toda la cadena de producción, desde las empresas de punta hasta las subcontractadas y incluso sector informal todos presionados a actuar con los mismos principios de calidad y productividad exigidos en escala global. Esto no quiere decir que los nuevos principios o valores se tornen únicos o exclusivos en el mercado. Nuevas y viejas prácticas productivas coexisten, hasta en el interior de la misma empresa. Pero el nuevo gana gradualmente el "status" de paradigma. Emergen en este contexto un nuevo perfil y un nuevo concepto de calificación, que va más allá del simple dominio de habilidades motrices y disposición para cumplir órdenes, ya que también incluye una amplia formación general y una sólida base tecnológica. Ya no alcanza con que el trabajador sepa "hacer"; también es necesario "conocer" y, por encima de todo, "saber aprender". El nuevo perfil valora rasgos tales como participación, iniciativa, razonamiento lógico y discernimiento. Desde la perspectiva de la empresa, ya no es suficiente el típico obrero cumplidor de órdenes. Antes que nada es necesario tener la garantía del trabajador competente, con iniciativa, capacidad de decisión y de acción frente a eventos no previsibles que ocurren con más frecuencia en las empresas integradas y basadas en tecnologías modernas. Este nuevo perfil no es sólo una cuestión de desempeño profesional. Encierra también una dimensión de los derechos ciudadanos que sobrepasa los muros de la empresa: leer, interpretar la realidad, expresarse verbalmente y por escrito, manejar conceptos científicos y matemáticos abstractos, trabajar en grupo en la resolución de problemas - todo lo que suele definirse como perfil de los trabajadores en sectores de punta -, tiende a convertirse en requisito para la vida en la sociedad moderna. Si el mercado exige empresas competitivas, la sociedad también exige ciudadanos competentes y productivos. Hasta por el hecho de que ciudadano consciente, consumidor exigente, trabajador productivo son facetas prácticamente imposibles de disociarse en el individuo. Muy pocas instituciones de EP en ALC estaban o están preparadas para enfrentar estos cambios. Muchas de ellas vienen desarrollando procesos de reestructuración interna, pedagógica y de gestión, hace más de diez años. Esta renovación todavía tiene impactos limitados. Frente a este cuadro de cambios en extensión y profundidad, se impone no solamente la modernización de instituciones tomadas de forma aislada, sino que la revisión y reconstrucción de la EP misma, en términos de conceptos, estrategias, actores, organización. Una nueva asociación se impone entre los diferentes agentes sociales - gobierno, empresas, trabajadores, no trabajadores - para garantizar la reconstrucción de la institucionalidad de la EP, según una agenda que puede ser sintetizada en los siguientes puntos:
La agenda de reconstrucción de la institucionalidad de la EP puede ser sintetizada en el reto de movilizar, articular, integrar y reorientar toda la capacidad instalada en el sector público y privado, con foco en la formación continua de la PEA. Los gobiernos tienen un rol fundamental en este proceso de movilización, articulación y rescate de la EP como un componente fundamental de políticas públicas, así como de la promoción de las reformas más amplias en el área de trabajo y educación. La sociedad civil en especial las entidades formadoras y representaciones de empresarios y trabajadores - tiene a su vez la tarea compleja de construcción o renovación de la capacidad de gestión y ejecución en bases participativas y descentralizadas.
|
|||||||||||||||||||||||||||
|
Centro Interamericano para el Desarrollo del
Conocimiento en la Formación Profesional (OIT/Cinterfor) Copyright © 1996-2008 Organización Internacional del Trabajo (OIT) - Descargo de responsabilidad |
||||||||||||||||||||||||||||