En Argentina y Brasil las
comisiones fueron creadas a través de un decreto del Ministerio
del Trabajo que establece su composición, objetivos y funciones.
Un decreto similar, pero de la Presidencia, dio nacimiento a la
Comisión de Paraguay. En Uruguay se constituyó por medio de un
acta del Ministerio del Trabajo y en Chile tuvo un nacimiento
menos formal, pero vinculado a la política de promoción de la
igualdad de género del Ministerio del Trabajo, y a su plan de
trabajo conjunto con el Sernam.
Asumiendo el importante rol
del Estado en lo que respecta a facilitar y promover todas las
formas de diálogo social, el Ministerio del Trabajo, con el activo
compromiso de la respectiva Oficina de la Mujer, actuó en la convocatoria
de las Comisiones Tripartitas, invitando a empleadores y trabajadores
a participar de esta iniciativa. Las Comisiones de Argentina,
Chile, Paraguay y Uruguay tienen una composición similar. Por
el sector gubernamental la integran el Ministerio del Trabajo
y la Oficina de la Mujer, por el sector sindical y por el sector
empleador participan representantes de las respectivas confederaciones
de empleadores y trabajadores. La Comisión de Brasil tiene una
composición más amplia, e incluye a la oficina gubernamental en
materias de derechos humanos.
1. Condiciones que facilitaron
la creación de las Comisiones Tripartitas
Diversos factores contribuyeron
a crear un clima propicio para desarrollar un espacio de diálogo
social y acciones concertadas entre los actores gubernamentales,
empresariales y sindicales en materia de igualdad de oportunidades
para las mujeres en el empleo. A continuación se mencionan algunas
condiciones políticas y económicas que favorecieron este clima,
y se destaca la relevancia de la variable internacional y el apoyo
de organismos internacionales.
Los cinco países del Cono
Sur enfrentaron los años 90 bajo condiciones políticas y sociales
favorables a la incorporación de la preocupación de la equidad
de género a nivel de la sociedad y las políticas públicas. En
un contexto político democrático, y con el legado de la acción
política desarrollada por los diversos movimientos de mujeres,
existía un creciente acuerdo sobre la necesidad de actuar sobre
las causas y expresiones de desigualdad. En este contexto se crearon
a nivel gubernamental las Oficinas de la Mujer, y al mismo tiempo,
se intentaba integrar de manera transversal la perspectiva de
género dentro de una institucionalidad mayor. Nacieron así estrategias
de inclusión de la perspectiva de género en el quehacer del Estado,
a través de instrumentos como los Planes de Igualdad de Oportunidades
(Chile y Paraguay), o de acuerdos de trabajo intersectoriales
(como el Plan del Igualdad de Oportunidades en el Empleo en Argentina).
En este marco, los organismos gubernamentales vieron la creación
de instancias tripartitas, como una buena oportunidad para avanzar
en sus planes.
Los actores sociales (sindicatos
y organizaciones de empleadores) también enfrentaban un proceso
interno de apertura hacia la mayor participación de las mujeres
y la incorporación de sus intereses, que favoreció su determinación
de participar en las Comisiones Tripartitas. Aun cuando la temática
de género no estaba (ni todavía ha logrado estar) entre las prioridades
de la agenda empresarial o sindical, tampoco se generaron resistencias
desde estas organizaciones a integrar una mesa de diálogo en este
campo.
La creciente participación
laboral de la mujer (especialmente de las más educadas) y su aporte
al crecimiento económico, empezaron a transformar la percepción
social de su rol en la vida pública, tanto entre las elites políticas
como económicas. Se empezó a visibilizar su aporte económico y
a legitimar su participación en diversas esferas, cuestionando
la baja representación de las mujeres en la toma de decisiones.
Al mismo tiempo, las mujeres y la sociedad en general empezaron
a tener mayor conciencia de las manifestaciones de la desigualdad
en el mundo económico, así como de los nuevos problemas que enfrentan
las mujeres en el mundo del trabajo debido a su condición de género.
Esto creó un clima propicio para el establecimiento de mesas de
diálogo tripartito, en las que se pudiera debatir acerca de estrategias
para superar tales desigualdades.
La variable internacional
En el marco del compromiso
internacional por la equidad de género, refrendado por los gobiernos
con la suscripción de la Plataforma de Acción de la IV Conferencia
Mundial sobre la Mujer, la OIT desarrolló su programa sobre la
promoción de la igualdad de oportunidades en el empleo en los
países del Cono Sur. Uno de los objetivos era la promoción del
diálogo social a través de iniciativas tripartitas, destinadas
a establecer lazos de cooperación entre agencias gubernamentales
(incluyendo por primera vez a las Oficinas de la Mujer, además
del Ministerio del Trabajo) y organizaciones de empleadores y
trabajadores. A través de diferentes iniciativas destinadas a
crear espacios de diálogo social y asistir a los actores sociales
y gobiernos en la detección de sus necesidades y prioridades en
materia de equidad de género en el empleo, se apoyó el proceso
de creación de las Comisiones Tripartitas, en una primera fase,
y de la Red de Comisiones Tripartitas del Cono Sur en una segunda
etapa. Esta última elaboró una estrategia subregional de intercambio
y colaboración. La creación de la Comisión Tripartita de El Salvador
por su parte, fue apoyada por el programa de promoción de los
derechos laborales que la OIT impulsó en Centroamérica.
2. Principales resultados
de la acción de las Comisiones Tripartitas
El nivel de avance y logros
de las Comisiones es disímil, y está vinculado a factores tales
como la voluntad política de fortalecer esta instancia de parte
de las instituciones que lo componen, la trayectoria que ha desarrollado
la propia Comisión y los recursos con que ha contado. En general,
las Comisiones que llevan un período más largo de funcionamiento
pueden mostrar un mayor nivel de logro en términos de su presencia
pública y temas que ha incorporado al debate. Entre las áreas
en que se ha observado avances en todos los casos, están las siguientes:
La visibilización de la
temática de género en los temas laborales
Las Comisiones son reconocidas
como un referente importante en materias de empleo y género y
han contribuido a relevar temas antes no incorporados en la agenda
pública. Se han constituido en la práctica -aunque con diferentes
grados- en interlocutores válidos para el diseño y gestión de
políticas de empleo, contribuyendo al proceso de interlocución
a nivel de las políticas públicas. Han establecido en algunos
casos contacto con otros grupos de interés de relevancia, participado
en la discusión de propuestas legales, y en general desarrollado
actividades de lobby con otras instituciones públicas. Algunas
se proponen además elaborar informes para verificar el grado de
cumplimiento de los Convenios de la OIT ratificados por los respectivos
países, que son de especial interés para la equidad de género
en el mundo laboral, tales como los Convenios 100, 111 y 156.
El fortalecimiento del
diálogo social
Las Comisiones constituyen
el primer espacio dedicado al tema de la equidad de género en
el empleo en el Cono Sur. El trabajo de las Comisiones ha constituido
un ejercicio de diálogo social, a través del cual se ha iniciado
un espacio de articulación y colaboración en torno a una agenda
común. La equidad de género en el mundo del trabajo ha sido un
área en torno a la cual los representantes de empleadores, sindicatos
y gobiernos, han podido establecer mayores acuerdos que en otros
ámbitos laborales. Ha surgido así una identidad común de género,
que ha permitido establecer alianzas difícilmente alcanzables
en otros planos.
El fortalecimiento de
los actores sociales
El trabajo propio de las Comisiones
ha tenido también un efecto inesperado a nivel de cada uno los
actores sociales que la componen, fortaleciendo su propia institucionalidad
para abordar la equidad de género. En un proceso lento y paulatino,
se ha avanzado en la creación de Comisiones de la Mujer a nivel
de las organizaciones de empleadores; a nivel sindical estas Comisiones
han ido adquiriendo mayor estatus y capacidad de decisión y representación
en sus instancias de dirección.
El fortalecimiento de
la incorporación de la equidad de género en los Ministerios del
Trabajo
El compromiso de los Ministerios
del Trabajo en la convocatoria y coordinación de las Comisiones
ha contribuido a fortalecer el compromiso de sus autoridades con
la equidad de género y a sensibilizar algunas instancias técnicas
respecto de la temática. Como resultado, se ha facilitado la incorporación
de una perspectiva de género en las políticas laborales.
3. Desafíos a futuro
En un contexto que muestra
grandes avances e importantes logros, no se puede dejar de mencionar
los principales desafíos que enfrentan las Comisiones Tripartitas,
a fin de posicionarse como una institucionalidad legítima en materias
de lobby y negociación de una agenda de equidad de género en el
mundo del trabajo.
Entre ellas se destacan: a)
La necesidad de definir una agenda con el propósito de avanzar
en la transversalización de los temas de género en las políticas
públicas: la mayor dificultad que se enfrenta es la incorporación
de una perspectiva de género en las políticas económicas/laborales,
superando los enfoques parciales que tienden a identificar limitadamente
los problemas de la mujer trabajadora; b) La necesidad de aumentar
el peso de las mujeres en la organizaciones empresariales, sindicales
y gubernamentales (empowerment): una limitación importante está
constituida por el bajo nivel de poder de las representantes al
interior de las organizaciones empresariales, sindicales y gubernamentales.
Esto implica enfrentar la baja prioridad otorgada al tema de género
y conseguir voluntad política para apoyar las Comisiones.