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EQUIDAD DE GENERO EN EL MUNDO DEL TRABAJO EN AMÉRICA LATINA.
AVANCES Y DESAFÍOS 5 AÑOS DESPUÉS DE BEIJING
Indice
I.PROMOVER
EL EMPLEO DE CALIDAD PARA LAS MUJERES
A.
Evolución de la inserción laboral de las mujeres en América
Latina en los años 90
B.
Temas especiales
II.
PROMOVER LOS DERECHOS FUNDAMENTALES: IGUALDAD DE OPORTUNIDADES
ENTRE HOMBRES Y MUJERES EN EL TRABAJO
A.
Los derechos de las trabajadoras y la Normalización Internacional
B.
El principio de igualdad y no discriminación por razón de sexo
en las Constituciones y legislaciones laborales
C.
Mecanismos y órganos de control de la normativa
III.
PROMOVER EL DIÁLOGO SOCIAL EN TORNO A LA IGUALDAD DE GÉNERO
A.
La creciente presencia de las mujeres en el mundo del trabajo:
nuevos desafíos para la organización sindical
B.
Negociación colectiva e igualdad de género
C.
La experiencia de las Comisiones Tripartitas para la promoción
de la Igualdad de Oportunidades en el Trabajo
IV.
HACIA LA IGUALDAD DE OPORTUNIDADES Y DE TRATO EN EL MUNDO DEL
TRABAJO: APORTE DE LA OIT: ESTRATEGIAS, POLÍTICAS Y PROGRAMAS
RECIENTES
A.
La equidad de género y los mandatos de la OIT
B.
Temas y áreas prioritarias de trabajo en América Latina
BIBLIOGRAFIA
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B.4. Formación
profesional y capacitación como instrumentos de promoción
de la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres (1)
La actual concepción del Desarrollo
Humano, en la medida que pone a las personas como centro y meta
del mismo, otorga a la educación en general, y a la formación
profesional y técnica en particular, un rol protagónico en el
proceso de desarrollo de capacidades y expansión de oportunidades,
así como en el esfuerzo por disminuir las manifestaciones de la
exclusión social, entre ellas las referidas a la mujer y a su
inserción laboral. El logro de un desarrollo sostenible con equidad
y en democracia, la dinamización de las potencialidades productivas
de los distintos grupos poblacionales, el acceso a niveles crecientes
de competitividad y la generación de nuevas oportunidades de empleo
pasan por el incremento de la calidad del capital humano y, por
tanto, no pueden ser asegurados sin que haya total participación
de las mujeres. Sin embargo, continúan imponiéndoseles restricciones,
segmentaciones y sobreexigencias que obturan el acceso de las
mujeres al empleo en igualdad de condiciones e impiden su desarrollo
profesional y personal, lo que constituye uno de los más extendidos
mecanismos limitantes del ejercicio pleno de la ciudadanía.
Esto genera un reto fundamental
para la educación y la formación profesional, en lo que se refiere
a su contribución para eliminar los condicionamientos sociales
que impiden a mujeres y hombres desarrollar plenamente sus capacidades.
Para ello se requieren políticas activas que amplíen las oportunidades
educacionales de las mujeres, respetando su diversidad, eliminando
y mejorando sus capacidades y habilidades, en el entendido que,
con eso, no sólo se estará asegurando el desenvolvimiento del
potencial femenino, sino promoviendo un progreso social y económico
más integral, cooperativo y corresponsable de toda la sociedad.
La concepción, sistemas y
contenidos de la capacitación y de la formación profesional en
América Latina están cambiando de manera significativa, y su relevancia
ha crecido considerablemente. Hoy la formación profesional es
concebida, al mismo tiempo, como un hecho laboral, tecnológico
y educativo. Sus vínculos con temas como productividad, competitividad,
salarios, salud ocupacional, condiciones y medio ambiente de trabajo,
seguridad social, empleo y equidad social hacen que se constituya
en un elemento clave para el diálogo social y las políticas de
empleo y, por tanto, para los sistemas laborales en la región.
Se multiplican experiencias de diálogo social y concertación en
torno a la formación y crece la gestión bi o tripartita de la
misma. En este nuevo estado de situación, aún que de manera incipiente,
la formación pasa a ser un tema de negociación colectiva.
Igual valor estratégico se
le está otorgando en los procesos de innovación, desarrollo y
transferencia de tecnología. Muchas de las instituciones de formación
latinoamericanas ya no se limitan a dictar sus cursos, sino también
implementan servicios tecnológicos integrales para las empresas
y para la comunidad: laboratorios de ensayos de materiales, certificación
de productos y procesos, divulgación tecnológica, banco de datos
sobre recursos tecnológicos humanos y materiales, asistencia técnica
para la transferencia, adaptación e innovación de tecnologías,
etc.
Si bien la formación profesional
siempre fue entendida como un hecho educativo, se la vinculaba
prioritariamente al mundo de la producción y el trabajo. Hoy se
enfatiza su carácter educativo, al aceptar que confluye, junto
a otras modalidades y ramas de la enseñanza, en el desafío de
dar cuenta de la necesidad de las personas de acceder a una formación
y educación a lo largo de toda la vida. Las barreras entre lo
manual y lo no manual y entre el pensamiento y la ejecución se
han modificado. Paralelamente, y al contrario de unas décadas
atrás, cuando la tendencia dominante era la especialización, hoy
se reclama de competencias básicas y generales que sirvan para
actuar en ambientes de trabajo con menores niveles de control
y para atender situaciones imprevistas y resolver problemas. Es
la combinación equilibrada de saberes fundamentales, de conocimientos
técnicos y de aptitudes sociales la que da a la persona el conocimiento
general y transferible al empleo.
Este multiprotagonismo está
transformando la institucionalidad de la formación profesional
en la región, estimulando el surgimiento de entidades de capacitación
alternativas fundamentalmente privadas y en el ámbito de
la educación no formal que ofrecen cursos innovadores,
haciendo que las viejas Instituciones de Formación (IFPs) estén
encarando un profundo proceso de reconversión para responder no
sólo a desafíos inéditos sino a la irrupción de nuevos actores.
El modelo organizativo histórico de las IFPs obedeció a la necesidad
de proveer recursos humanos para un desarrollo industrial protegido
y orientado hacia el mercado interno, a la vez que para fortalecer
la integración y cohesión nacional. Hoy, tienen que enfrentar
el reto de formar para un escenario incierto, para paradigmas
productivos y tecnológicos heterogéneos y, además, intervenir
en la lucha contra la exclusión social.
Por ello, se asiste a la diversidad
de arreglos institucionales. Crece el rol y la significación de
los Ministerios de Trabajo, que se encargan de coordinar y/o financiar
acciones que ejecuta el sector privado o público en un sistema
de libre competencia, especialmente cuando se trata de acceder
a los recursos de financiamiento que dichos Ministerios movilizan.
De igual modo, se observa el desarrollo extendido y sistemático
de mecanismos de vinculación entre oferta y demanda y se acepta
y reclama el financiamiento compartido entre el Estado y el sector
privado, incrementándose la participación directa de empresarios
y trabajadores tanto en la gestión como en la definición de políticas
y, especialmente, en el diseño de la oferta formativa. También
se observan tendencias fuertes de descentralización, que se expresan
en la delegación local de la administración financiera y/o operativa
y en la focalización de esfuerzos y recursos de sectores productivos
específicos.
Los desafíos de la incorporación
de la dimensión de género en las políticas formativas
Es en este proceso de cuestionamiento
e identificación de nuevos retos para los sistemas y políticas
de formación que debe insertarse la preocupación por la dimensión
de género, para asegurar que, por un lado, las necesidades y especificidades
de las mujeres sean tenidas en cuenta, y, por otro, se conciba
el derecho de las mujeres a la formación como un derecho humano
fundamental y una herramienta para promover y fortalecer su empleabilidad
e inserción laboral. Además de eso, la formación profesional debe
contribuir a: a) mejorar las condiciones de participación social,
económica y política de las mujeres, en pie de igualdad con los
hombres; b) disminuir y/o eliminar la discriminación y avanzar
en la reducción de las brechas entre los géneros, tanto en términos
salariales como de posicionamiento y capacidad de negociación
de las condiciones de trabajo; c) incidir en otros aspectos del
desarrollo social, tales como la mortalidad materna e infantil,
la salud, nutrición y educación de las nuevas generaciones, el
control demográfico y ambiental, la integración social y la construcción
de la ciudadanía.
Para ello es importante identificar
las principales barreras que aún continúan limitando o frenando
el acceso y el desarrollo profesional de las mujeres en igualdad
de condiciones. Los programas realizados por la OIT en la década
presente han permitido establecer que dichas barreras son tanto
externas como internas al sistema de formación profesional y técnico(2).
Las barreras externas
se refieren al contexto socio-cultural y educativo y a la estructura
del mercado laboral, destacándose especialmente:
- la influencia de estereotipos que definen
roles y tareas de acuerdo al sexo, imponiendo "modelos"
de identificación social segregados que obstaculizan y condicionan
las opciones vocacionales y de desempeño de hombres y mujeres.
Esta visión estimula la preconfiguración de perfiles ocupacionales
como "típicamente masculinos o femeninos", que están
en la base de la segmentación por género del mercado laboral;
- las diferentes oportunidades ocupacionales
y de bienestar para hombres y mujeres relacionadas con la desigual
distribución del capital educativo en las familias: a mejor
clima educacional familiar, (especialmente a mejor nivel educativo
de la madre), se registra una visión más equitativa de los roles,
mayor valoración de la educación y, por ende, menor desaprovechamiento
de las capacidades femeninas y disminución de la maternidad
temprana;
- la desigual distribución de responsabilidades
familiares, los factores asociados a la función reproductiva,
la multiplicidad de roles femeninos y la falta de servicios
de apoyo doméstico se traduce en un desdoblamiento del tiempo
y las energías de las mujeres, que incide negativamente en sus
oportunidades profesionales;
- la práctica sexista del lenguaje, que invisibiliza
la experiencia y la participación de la mujer en la sociedad,
confirma la división de tareas por género y afecta el campo
de las profesiones;
- las precepciones empresariales sobre la
distorsión que genera la maternidad y las responsabilidades
familiares, así como sobre las limitaciones de formación y experiencia
de las mujeres en las áreas técnicas, inciden en la tipificación
y valoración por sexo de las ocupaciones y actúan en los procesos
de selección, en las oportunidades de formación en el puesto
del trabajo, promoción y desarrollo profesional y, por supuesto,
en el diferencial de salarios para trabajos de igual valor y/o
capital formativo. Estas precepciones siguen actuando pese al
notorio incremento en educación de las mujeres y se convierten
en un círculo vicioso: las empresas no ofrecen a las mujeres
posibilidades de adquirir experiencia y no las contratan por
carecer de ella. Paralelamente existen múltiples ejemplos que
muestran que, dado que los salarios femeninos son menores, las
empresas (especialmente las vinculadas a las áreas de exportación)
tienden a contratar mujeres con mayores niveles educativos para
efectuar trabajos para los que están sobrecalificadas y por
los que reciben salarios similares o inferiores a los de los
hombres con menor educación;
- la escasez de modelos femeninos exitosos
en el sector empresarial, en los puestos de dirección y en las
áreas técnicas y tecnológicas obstaculiza o desincentiva la
elección de estas carreras;
- los mecanismos de análisis y previsión
de la situación presente y de las tendencias del mercado laboral
que carecen o tienen débil enfoque de género dificultan la identificación
de la segregación ocupacional, la detección de grupos con condiciones
o dificultades específicas y el diseño de políticas laborales
que se propongan la promoción de la igualdad de oportunidades.
Estos obstáculos externos
interactúan e influyen fuertemente en el sistema de formación
profesional que, a su vez, presenta sus propias barreras internas
para la participación femenina, entre las que destacan:
- la escasa y/o lenta pertinencia y actualización
de la oferta formativa derivada de sus dificultades de vinculación
con las demandas y tendencias del sector productivo. Ese problema
afecta a todos los educandos, pero particularmente a las mujeres,
por cuanto ellas requieren de especiales apoyos para acceder
a las áreas de actividad innovadoras o con mayores y mejores
posibilidades de empleo, así como a las pasantías, prácticas
rentadas y talleres necesarios a la adquisición de idoneidad
práctica y a la demostración de sus aptitudes de manera de romper
con los prejuicios vigentes. Paralelamente, como se ha visto
en la primera sección de este capítulo, las oportunidades de
ocupación para un porcentaje creciente de la fuerza de trabajo
femenino son el trabajo por cuenta propia, la microempresa y
el sector terciario de la economía, lo que requiere una recomposición
sectorial de la oferta y nuevos contenidos formativos (con énfasis
en la gestión y administración contable-empresarial, diseño
y gestión de proyectos, promoción de la creatividad y desarrollo
de la empresarialidad), así como estrategias de apoyo adicionales
(tales como acceso a la información y orientación sobre viabilidad
de las actividades y emprendimientos, intermediación para el
acceso al crédito, asesoramiento y seguimiento de la gestión)
que exigen intervenciones específicas y personalizadas, que
aún no están extendidas ni son fácilmente aceptadas por las
instituciones de formación;
- las carencias de un sistema de información
y orientación vocacional y ocupacional con enfoque de género
que estimule nuevas opciones y rompa los estereotipos;
- una casi inexistente intermediación laboral
y ausencia de formación sobre búsqueda de empleo;
- la persistencia de un lenguaje sexista
y de estereotipos en la divulgación y definición de la oferta,
en los materiales didácticos, en los desarrollos curriculares,
así como en las prácticas y metodologías docentes, lo que constituye
una de las manifestaciones más sutiles pero eficaces de la discriminación
indirecta;
- la rigidez y falta de flexibilidad en la
estructura de los cursos (elevados requisitos de ingreso, larga
duración, no reconocimiento de aprendizajes obtenidos en el
trabajo o en la vida societaria, horarios incompatibles con
las responsabilidades familiares, ausencia de servicios de apoyo
para el cuidado de los niños);
- la no inclusión de las necesidades femeninas
en la infraestructura (ausencia de baños, lugares de difícil
o peligroso acceso, no consideración de facilidades en la operación
de equipos y/o tareas manuales, etc.);
- una participación muy baja de mujeres en
los puestos directivos de las entidades de formación y como
docentes en las áreas técnicas y tecnológicas.
El resultado de la interacción
de todos estos factores se evidencia en una segmentación de doble
vía -por niveles y especialidades- que, pese a los esfuerzos realizados,
sigue caracterizando a la participación femenina en la capacitación
y la formación profesional y técnica en la región.
La voluntad de formación femenina
en la presente década no ofrece duda: se han incrementado notoriamente
los niveles educativos (siendo la tendencia regional a presentar
participación igualitaria e incluso mayoritaria a nivel universitario)
e incluso se ha constata do que las mujeres asisten más que los
hombres a actividades de calificación, actualización y reconversión
ocupacional. Pero su participación se da mayoritariamente en los
niveles más bajos ofertados: en la formación profesional inicial
y en las acciones de capacitación puntuales. A ello se suma la
concentración de su participación en las especialidades "tradicionalmente
femeninas", como por ejemplo corte y confección, gastronomía,
belleza, administración y manualidades, lo que expresa, en forma
inequívoca, la perspectiva de una inserción asociada a los más
bajos ingresos, los menores perfiles de calificación e incluso
a las actividades artesanales mayoritariamente de aplicación en
el ámbito doméstico. Precisamente por estos motivos se requiere
cuidar especialmente la calidad y la pertinencia de la formación
dirigidas a las mujeres para que la inversión de tiempo, energías
y recursos que ellas están haciendo sea rentable en términos de
inserción y desarrollo personal y profesional.
A partir de lo señalado parece
evidente que la integración de la perspectiva de género en la
formación profesional y técnica en América Latina deberá manifestarse
simultáneamente en las lógicas de transversalización ("mainstreaming")
y especificidad, lo que demanda:
- Forjar alianzas estratégicas entre los
diferentes actores públicos y privados para fomentar la igualdad
de género, estimulando el compromiso político con ese fin. A
título de ejemplo pueden señalarse: la coordinación con las
autoridades educativas de programas no discriminatorios, que
incluyan la orientación vocacional con dimensión de género y
modelos femeninos exitosos en áreas científicas, tecnológicas
e innovadoras; la promoción de la inclusión del tema en la negociación
colectiva, en el accionar sindical y en las políticas de recursos
humanos de las empresas;
- Potenciar las articulaciones posibles y
los recursos a nivel inter y extrainstitucional, con el objetivo
de lograr la replicabilidad de modelos, estrategias e instrumentos
desarrollados a nivel internacional y difundir/compartir las
lecciones y experiencias exitosas;
- Hacer que las cuestiones y singularidades
de las mujeres constituyan una dimensión integral en la planificación,
diseño, implementación, monitoreo y evaluación de las estrategias
en todos los niveles del sistema de formación profesional;
- Estimular la construcción de abordajes
multi, inter y transdiciplinarios, especialmente para el desarrollo
de metodologías de investigación, análisis y evaluación que
garanticen la desagregación por sexo, mejoren y actualicen los
descriptores de desempeño y resultados de la inserción laboral
femenina y de las intervenciones formativas y permitan avanzar
en una reconceptualización de la calidad del empleo desde la
perspectiva de género, definiendo nuevos indicadores del mismo
que den cuenta del hecho innegable que un "buen empleo"
para un hombre no es necesariamente lo mismo que un "buen
empleo" para una mujer;
- Implementar programas y acciones focalizados
en grupos de mujeres en condiciones desfavorables (pobres, con
bajos niveles educativos, jefas de hogar, madres adolescentes,
etc.) o con problemáticas y objetivos específicos (acceso a
puestos directivos, a áreas tecnológicamente innovadoras, al
campo de la ciencia y tecnología, formación para dirigentes
empresariales y sindicales, micro y pequeñas empresarias, etc.)
fomentando y aprovechando siempre la complementación y articulación
con otros programas o servicios institucionales relacionados.
Lineas de acción prioritarias
Para el logro de esos objetivos,
aparecen como prioritarias las siguientes líneas de acción:
a) Estrechar los vínculos
entre el sistema formativo y el sector productivo: para
determinar las necesidades y actualizar los perfiles ocupacionales,
alimentar el sistema de información sobre demanda y oferta laboral,
definir los posibles nichos de empleo femenino existentes y abrir
nuevos mediante la tarea de sensibilización y promoción. Esta
vinculación es básica para habilitar la práctica laboral que dé
visibilidad a las mujeres y les aporte la formación práctica requerida.
b) Sensibilizar a la sociedad
y a sus actores para: i) apoyar y estimular un cambio en
los patrones culturales y empresariales en forma tal de otorgar
un nuevo valor social y económico a las cualidades y singularidades
femeninas, aprovechando su correspondencia con los perfiles ocupacionales
que tienden a emerger en los nuevos modelos productivos; ii) generar
conciencia de las relaciones entre una política de igualdad en
la formación y el empleo y una adecuada gestión del capital humano.
c) Desarrollar
competencias claves para la empleabilidad que le permitan
a las mujeres proyectarse, adaptarse y cambiar su entorno. La
creación de oportunidades ocupacionales para sectores importantes
de la población cada vez más exige capacidad de emprendimiento
y estrategias de cooperación. Su conservación requiere de una
aptitud de adaptación y aprendizaje constante para poder enfrentar
los cambios en los contenidos y en las modalidades de hacer las
cosas. De ahí la importancia del tema de la empleabilidad, especialmente
para las mujeres que están sometidas a particulares barreras culturales
en materia de contratación por cuenta ajena, se han encontrado
tradicionalmente alejadas de los canales de creación y usufructo
de la riqueza y, al crear su propio empleo, contribuyen a su vez
a habilitar puestos para otras mujeres.
Las competencias claves para
la empleabilidad son fundamentales para las mujeres pobres y de
baja escolaridad, porque para ellas uno de los mayores obstáculos
es precisamente la demostración de competencias. Desde el punto
de vista de género merecen especial atención las competencias
básica, las transversales, las actitudinales y las tecnosectoriales.
Las competencias básicas se referieren fundamentalmente
a la capacidad de aprender a aprender y a instrumentaciones básicas
tales como la expresión oral y escrita y el manejo de matematicas
aplicadas. Las competencias transversales significan la
capacidad de adaptarse a lo que vendrá; entre ellas que se encuentran
el desarrollo de culturas tecnológicas (trabajar con tecnología,
aplicarla a la tarea, seleccionar procedimientos, instrumentos
y equipos y prever e identificar los problemas de su funcionamiento),
y de las capacidades de iniciativa y emprendizaje; Las competencias
actitudinales se dirigen a eliminar las autolimitaciones
y aprender a construir proactivamente el futuro. En este terreno,
las mujeres necesitan superar importantes barreras mentales y
sociales que limitan su posicionamiento y empoderamiento,
y que van mucho más allá de la idoneidad o no de sus conocimientos,
formación y experiencia laboral. Se incluyen entre ellas: el crecimiento
personal (reforzamiento de la identidad, seguridad personal y
de género y de la autoestima), el desarrollo de la iniciativa
(liderazgo, organización y planificación, manejo de la gestión
del riesgo, fomento de la toma de decisiones e incremento del
margen de maniobra) y la capacidad de acción interpersonal y asociatividad
(trabajo con otros, responsabilidad, autorregulación, discriminación
emocional en las situaciones laborales, etc.). Las competencias
técnico-sectoriales significan, para las mujeres, el aprendizaje
de competencias no tradicionales (la diversificación de competencias),
el acceso a nuevos nichos de empleo (la creación de nuevas competencias),
la valorización de viejas competencias, desempeñadas históricamente
por las mujeres de manera gratuita dentro del hogar (promoviendo
la autovalorización, la innovación y el marketing en
el ámbito de los nuevos yacimientos de empleo).
d) Estimular la elaboración
de un proyecto personal viable de empleo y formación,
que pueda actuar como eje estructurador del proceso de aprendizaje.
El Sistema de Información y Orientación Ocupacional y Vocacional
es la herramienta más idónea, en la medida en que promueva en
las mujeres la reflexión sobre el mercado laboral y un balance
realista de sus capacidades y limitaciones y que alimente la definición
de un proyecto formativo.
e) Diversificar la participación
femenina en la formación profesional y técnica para facultarles:
i) movilidad horizontal mediante el direccionamiento hacia actividades
dinámicas y con altas potencialidades de desarrollo; ii) movilidad
vertical, para que accedan a las funciones de gestión, supervisión
y dirección, tanto en las áreas en las que se encuentran subrepresentadas
como en las que, a pesar de ser mayoría, encuentran notorias barreras
para su desarrollo profesional; iii) acceso y dominio de las nuevas
tecnologías y las formaciones innovadoras que las desencasillen
profesionalmente; iv) formación para la autogeneración de empleo
a través de una mejor y más sólida preparación para la creación
y el desarrollo de actividades empresariales;
f) Revisar los desarrollos
curriculares para asegurar su pertinencia y actualización
respecto a las competencias requeridas, prestando especial atención
en la identificación de las mismas, para que no repitan y consoliden
estereotipos de género, en especial respecto a la segmentaciones
de tareas y ocupaciones;
g) Identificar y eliminar
estereotipos en los materiales didácticos y en las distintas manifestaciones
del currículo, en especial las prácticas docentes. Entre
éstas merecen especial atención la interacción y transmisión de
mensajes, el uso diferenciado del espacio para hombres y mujeres,
la descalificación o ignorancia de necesidades e intereses, los
temas no tratados, etc. Esta línea de acción impone la sensibilización
y formación en género de docentes, autoridades y personal administrativo;
h) Flexibilización y adecuación
de la organización curricular, para adaptarlas a las
capacidades y posibilidades femeninas (horarios, movilidad, recursos
económicos). La organización modular, con fases sucesivas y diferenciadas,
es en estos momentos valorada como la más potente para dar respuesta
a la formación por competencia, permitir salidas ocupacionales
sucesivas, y viabilizar las estrategias de articulación horizontal
y vertical ya referidas.
i) Crear un ambiente de
aprendizaje participativo, que se proponga rescatar y respetar
las capacidades, tiempos y formas de abordaje de la realidad de
las mujeres participantes, combinando la modalidad presencial
con la de distancia o autoformación.
j) Ofrecer mecanismos de
apoyo económico y doméstico, tales
como becas, servicios de guardería, etc.
k) Articular con otras
organizaciones públicas y privadas y con entidades crediticias
la prestación de los servicios y apoyos complementarios para las
actividades de autogeneración de empleo. En la mayoría
de los casos es dificil y costoso para las entidades de capacitación
el brindar estos servicios pero sí pueden, en una concepción sistémica
de la formación, propiciar los relacionamientos y la coordinación
necesaria para que estas ocurran.
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EL RETORNO
DELA CAPACITACION PARA HOMBRES Y MUJERES
ALGUNOS DATOS DE CHILE
El Programa de Innovación
Tecnológica del Ministerio de Economía de Chile y la Corporación
para el Fomento Productivo (CORFO) participaron en una experiencia
internacional que consistió en una encuesta aplicada en
23 países sobre las destrezas y habilidades de la población
adulta (Second International Adult Literacy Survey, SIALS),
realizada en 1998. Chile es el primer país participante
no desarrollado, así como el primero de habla hispana. La
encuesta ha sido organizada por el ETS (Educational Testing
Service) de Estados Unidos, el Statistics Canada y la OECD
y comprende a la población entre 16 y 65 años. Tiene como
objetivo evaluar el nivel de alfabetización de la población
adulta, entendiendo éste no sólo como la capacidad para
leer o escribir, sino más bien como la capacidad para usar
estas habilidades en la vida laboral y cotidiana. Dado la
uniformidad del instrumento utilizado, es posible comparar
los niveles de alfabetización entre diferentes idiomas y
culturas. En Chile la Encuesta SIALS se aplicó a 3.500 hogares,
siendo representativa a nivel nacional.
La teoría económica
indica que tanto la inversión en educación como en capacitación
generan un incremento en el capital humano, aumentando la
productividad en el trabajo, y, por ende, en los ingresos.
El aumento de la capacidad productiva de los trabajadores
permite una mayor movilidad al interior de la empresa y
en el mercado laboral y facilita la adaptación de la fuerza
de trabajo a las innovaciones tecnológicas y a los cambios
estructurales en la producción y en el empleo. Es por ello
que el conocer los efectos diferenciados por sexo de la
capacitación resulta fundamental para el diseño de políticas
que tiendan a reducir las brechas de género.
Utilizando los datos
de la encuesta se midió econométricamente la relación entre
capacitación e ingresos y el impacto del uso del computador
sobre la productividad e ingreso de los trabajadores. La
utilización del computador puede considerarse una variable
proxy que mide cómo la mano de obra se ajusta a los cambios
tecnológicos requeridos para una mejor inserción en el mundo
laboral y cual es la magnitud del "premio" asociado
al manejo de las nuevas tecnologías. Además de la encuesta
SIALS, se utilizóun módulo sobre el uso del computador en
el trabajo agregado, a la Encuesta de Ocupación y Desocupación
de la Universidad de Chile para el Gran Santiago.
Las principales conclusiones
del estudio, relacionadas con la perspectiva de género son:
La capacitación tiene
efectos muy significativos sobre la productividad e ingreso
de la fuerza de trabajo (el retorno promedio de la capacitación
en terminos de ingreso es de 24, lo que supera el de la
educación que es de un 13%). Las mujeres experimentan un
retorno superior a los hombres al ser capacitadas (los incrementos
salariales para ellas son de 33% y para ellos de 24%). Sin
embargo, el retorno de la educación es mayor para los hombres.
Como se ha señalado, las mujeres necesitan credenciales
educativas muy superiores a las de los hombres para ingresar
al mercado laboral. Pero una vez que la mujer está inserta,
la capacitación le proporciona un mejoramiento de sus credenciales,
que se traduce en un aumento de ingreso.
La capacitación se concentra
en los trabajadores de empresas grandes, lo que implica
una limitación a los aumentos de productividad de las pequeñas
y medianas empresas, que es el sector en que se concentran
las mujeres.
La capacitación con
mayor retorno para los hombres es la capacitación en negocios,
mientras para las mujeres es la capacitación en salud (seguida
también por la capacitación en negocios). Eso es un indicador
de la segmentación por género del mercado laboral (alta
concentración de mujeres como enfermeras y auxiliares de
los servicios de salud) y de las dificuldades de romper
esa segmentación.
El uso del computador
en el trabajo tiene un retorno positivo sobre el ingreso
(del orden de 30%), lo que evidencia la importancia de la
capacitación en el uso de las nuevas tecnologías para mejorar
las credenciales productivas, especialmente de las mujeres,
para las cuales no basta mejorar su educación formal. El
"premio" asociado al manejo del computador también
es mayor para las mujeres que para los hombres. Sin embargo,
ellas lo utilizan mayoritariamente como procesador de texto,
lo que nuevamente es un indicio de que se siguen concentrando
en actividades tradicionalmente femeninas (secretariado).
Los cursos de capacitación
se realizan un 40% fuera de la jornada de trabajo, lo que
implica un problema para las mujeres que tratan de compatibilizar
su rol doméstico con el de trabajo fuera del hogar.
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(1)
El análisis presentado en esa sección se basa fundamentalmente
en la contribución de Sara Silveira, Coordinadora del Proyecto
FORMUJER (CINTERFOR-OIT/BID).
(2)
En América Latina se destaca el Proyecto sobre "Promoción
de la participación de la mujer en la formación técnica-profesional
en América Latina" ejecutado por el Centro Internacional
de Formación de Turín, la Consejería Regional para la Mujer Trabajadora
y CINTERFOR ( 1991-1995).

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